"MÚSICA EN LAS VENAS"

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"MÚSICA EN LAS VENAS"

 

“Dentro de escasos minutos ocupará con elegancia su lugar ante el piano. Va a recibir con una inclinación casi imperceptible el ruidoso homenaje del público”.

Si. Esa va a ser su despedida, después de tantos y tantos conciertos por todo el mundo, se va a despedir así de esa manera. Es verdad que su historia es casi de película. Cuando era pequeño, cerca de su casa escuchaba la música de los negros tocando hasta las tantas, se escapaba con su primo para poder escucharlos a escondidas detrás de las ventanas en esos largos y calurosos veranos de Luisiana, donde vivía. Le encantaba el vaivén de las caderas de esos negros que parecía que se balanceaban sin parar.

Aprendió que se puede bailar y tocar, casi sin despegarse del escenario. Que esas chicas de color marfil, se pegaban a su pareja de manera sibilante y que en la iglesia se las veía más recatadas y silenciosas, aunque intentaran esconder su color de piel bajo esos guantes blancos que les hacían poner los de mi sangre. “Sangre roja y eterna”, como la de cualquier ser humano; pero para mis tías, lo mejor era, supuestamente, disimular ante los ojos de Dios y por eso “las negritas”, como las llamaba mi Tía Paola, debían ir finamente con esos guantes blancos para poder darles un toque “Humano”, dentro de la iglesia y de la supuesta respetabilidad que se respiraba en el templo. Donde, además, todos parecían iguales ante los hombres, aunque en la oscuridad de las casas y las plantaciones, cada dueño y señor fornicaba y latigaba a su gusto a todo aquel ser que fuera, según la Biblia, inferior a él.

De toda esta experiencia, aprendió música, a bailar como ellos, a beber alcohol y a verles como sus iguales. Le enseñaron que la música se lleva dentro y que hay que sacarla fuera, donde fuera, para que todo tu ser sintiera la energía universal.

Ese era él. Con el paso de los años, pudo entrar a tocar como pianista en el coro de la iglesia desarrollando la parte más espiritual de su alma. Pero, él sabía que dentro de su cuerpo había algo salvaje que quería salir y no sabía como y en una de esas fiestas salvajes con “Sus negritos” lo soltó todo y no quedó ni una nota que no brotara de sus venas.

Todo salió a la luz de los demás, o mejor, dicho a los oídos de ellos, entre los cuales se encontraba el que sería su descubridor y más adelante su mejor amigo.

Le llevó a su estudio y estuvieron hablando casi hasta el amanecer y bueno, no tenía las ideas muy claras; sólo sabía que llevaba algo en él que era necesario que saliera y vibrara hasta el más allá.

Dejó que lo pensara un par de días, para pode hablar con sus tías, por que probablemente, estuviera mucho tiempo fuera de casa. Grabando “Singles”, recorriendo y viajando por el mundo durante los conciertos. Su primo le apoyaba, en le animaba en todo. Empezó poco a poco e iban conociéndole por todo el país, saliendo en las portadas de todas las revistas sobre nuevos talentos musicales.

Su estilo gustaba y tenía admiradoras en todas partes y en todos sus conciertos. Recorría el teclado casi sin mirarlo y las notas salían sin más, una detrás de otra. Con armonía y elegancia, aunque a veces, también salvajes. En uno de esos conciertos, se volvió tan loco que provocó un pequeño incendio en su propio piano y tocó y tocó, cual poseso y cual enaltecido por sus admiradoras y admiradores que no dejaban de mirarlo una y otra vez.

Salió sano y salvo, y pese a sus múltiples borracheras, seguía y seguía tocando sin temor a nada ni nadie. Además provocó, una de las historias de amor aún más salvajes de todas las cosas raras que había realizando a lo largo de su carrera musical: se casó con la hija de su primo, algo normal en Mississippi en los años 50, pero que al iniciar su carrera en Europa, llegando a Londres, la prensa le “apredreó” en las noticias de todos los periódicos y telediarios acusándolo de pederasta.

Esto provocó su vuelta a Estados Unidos y su declive profesional, durante unos años. Pero volvió a los escenarios, gracias a los grandes del rock de los 70 que le llamaron para empezar de nuevo. Y hoy se despide en una gran sala ante sus seguidores que aun siguen apoyándole y pensando que la música se puede seguir llevando dentro: “Pase lo que pase, aunque quemes un piano”.


Dedicado a todos los amantes de rock and roll.