SUEÑOS Y CONQUISTAS

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SUEÑOS Y CONQUISTAS

¿Qué no sabes como llegué hasta aquí? ¿Cómo llegué tan alto? Pues nada, fue sencillo. Se conjuntaron varios elementos que hicieron que mi subida fuera tan rápida que ya nadie lo puso en duda. Llegué y triunfé.

Había hambre; bueno, el  pueblo lo tenía. Malas cosechas, economía desorbitada, los gastos del pan por las nubes, una corte corrupta, llena de deudas y malas infraestructuras.

Ya te digo que se juntaron muchas cosas. Las suficientes para que un simple soldado llegara a lo más alto. Aunque ahora creo que me envenenaron. Sí, no lo sé. Pero estoy seguro que en la comida había algo que sabía amargo. Yo levanté el imperio dos veces para llevarlo a conquistar el mundo entero. Lo pude y supe hacer porque era un gran estratega y porque en caballería era el mejor galán del regimiento. Me llevaba a mis hombres por toda Europa, rodeados de pequeños grupos de  prostitutas que se acercaban a nuestro campamento y entretenía a la tropa. Así fue como poco a poco conquisté el sueño de Alejandro y de Julio César.  Ahora me tocaba a mí llevar a mi país lejos, muy lejos. No solo los héroes griegos o romanos tienen sangre conquistadora. Yo quería más y más. Incluso llegué a casarme con una princesa austriaca y a mis enemigos no les quedaba otra que interesarse por mí. Era la admiración de todos los reyes y la envidia de las mujeres que se sentían atraídas hacia mí y de las que yo sólo me encaprichaba de algunas de ellas.

Logré dejar un heredero, pero falleció de manera prematura, aunque un sobrino mío también cogió el nuevo mando y rumbo de nuestra nación; mientras yo seguía en “Mi Isla”; esa a la que me obligaron a  volver para poder controlarme de nuevo y dejarme al olvido de los demás. A pesar de todo, siempre me han recordado por un gran estratega, sobre todo en tierra. Me encantaba encerrar a los ejércitos por los lados mientras los distraía por el frente. Táctica habitual desde la Edad Media: Ejército frente a Ejército.

El que más alto llegó. Yo, que llegué muy alto. Ahora me tocó caer. Sí, caí envenenado y mi muerte provocó algún que otro caos en las cortes europeas; que a pesar de todo me idolatraban y me admiraban.

LO QUE NO PUBLIQUÉ

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LO QUE NO PUBLIQUÉ

    Siempre que salgo de viaje, me llevo mi mejor cámara para poder sacar lo más llamativo y después publicarlo en la revista. Suelo hacer varias tomas hasta elegir la más adecuada para presentarla donde trabajo. Es sobre viajes y recuerdos de la gente a la que suelo fotografiar. Siempre voy acompañada de mi guía Karim, al que conocí en uno de esos viajes a Marruecos para una presentación de unos premios y quien me llevó a conocer Turquía, la mezquita azul y el TopKapi.
  En esta ocasión, íbamos a viajar a Kenia en busca de ese sol y colores que en Europa no se veían y conocer la sensación de soledad de las grandes sabanas, donde a lo lejos se veía, quizá, algún árbol y las gacelas corriendo en busca de alimento o agua para poder sobrevivir a dicha naturaleza. Fue una experiencia única y gratificante, donde aprendí a escuchar el silencio de la naturaleza, el correr de animales y la sensación de soledad en las explanadas; a cenar junto a la hoguera y aprovechar las horas de la madrugada o el amanecer para poder sacar las mejores fotos.
  Como me había dejado un par de cosas en el hotel, le indiqué a Karim que me las enviara a Madrid, donde revisaría todo para poder elegir y mandar las a la revista y que se encargaran de su publicación.

  Revisé las anotaciones del viaje y las fotografías. Tropecé con una que me llamó la atención. Se veía a una niña tumbada y tapada junto a un león que parecía que la miraba y le acariciaba la mano. Me quedé hipnotizada. No hacía más que mirarla y mirarla. Desde que me la dieron junto con las otras fotografías de mi viaje a Kenia, sólo pensaba en ella, día y noche.

  Tenía hasta pesadillas o sueños extraños. La niña aparecía junto al león tumbado en aquel colchón con mantas amarilla. Pensaba y pensaba, pero no se me ocurría como había podido llegar a mis manos. Decidí mirar los negativos, para ver el orden y la fecha tomada de la fotografía. y hacerme una idea de en qué parte del viaje pude hacerla. Pero no encontraba nada. Cogí mi cuaderno donde apuntaba aquellos detalles que me habían impresionado de mi viaje a África. Y entre apuntes y fotos pude más o menos hacerme una idea de cuándo y dónde realicé dicha foto.

Comentando esto con mi guía de viaje, de pronto recordó que podría tratarse de aquella niña blanca que habían encontrado casi muerta cerca del poblado a donde la llevaron. Los zulúes la lavaron y el chamán que la limpió, le dió un brebaje que la ayudaría a recuperar fuerzas. Como estaba al lado de un león, éste intentó que no se la llevaran pero finalmente, el chamán del poblado se dio cuenta que ese león era su guardián y protector. Que la había salvado de la muerte y pudo protegerla de otros depredadores.
  Con el tiempo, el león se quedó a vivir en la tribu pero ya era demasiado mayor para poder estar junto a ella. La cuidaba hasta que el propio león enfermó y por eso el jefe de la tribu decidió que durmiera junto a ella. Ya que según sus tradiciones, su cercanía les ayudaría a sanar a los dos.

  Eran almas celestiales en cuerpos de niña y felino, que se tenían que reencontrar en esta vida y en sus siguientes reencarnaciones para poder seguir su proceso evolutivo.