A MIRÓ

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A MIRÓ
 
Después de las Constelaciones,
Una mujer sentada,
observa tres bolas brillantes,
en el cielo.
Que son estrellas y pájaros
en la noche.

MAESTRO DE VIDA

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MAESTRO DE VIDA

   Mi Maestro, me enseñó a leer y escribir. Me enseñó los números y  las letras; a formar frases y entender textos. También a amar la naturaleza y los animales, observar el cielo y las estrellas.
   Me enseñó el infinito y a respetar al ser humano.
   Estas son las cosas que amamos:
   - Tocar tus manos, mirar tus ojos,
   - Sentarse con la abuela en los taburetes de la cocina e ir separando las lentejas de las piedrecillas,
   - A sentirte y notar tu piel.

    A todo eso me enseñó Mi Maestro...
    A mirar la luz del Sol.


    (Con motivo del Día Internacional del Maestro, escribo hoy este pequeño texto).

                                                          Carolina.

CON LA AGUJA A TODOS LADOS

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CON LA AGUJA A TODOS LADOS

A los 12 añitos se había puesto a trabajar. No quedaba otra, su madre se había quedado viuda aunque algunas vecinas  decían que en realidad algún desalmado o un soldado  la forzó .Nueve meses después nació Miguelito.

Ella iba mucho a la iglesia y siempre le ponía unas velas a la Virgen María para que la ayudara y protegiera. Era de un pequeño pueblo de Extremadura y por hambruna o enfermedades se había quedado sola, sus dos hermanos murieron en la guerra y sus padres de alguna enfermedad o pulmonía, nunca lo supo, pues el médico rural que iba por allí de vez en cuando no tenía suficiente penicilina para los enfermos. Siempre rezaba después de cenar y se dormía bajo la lamparita que había traído de su casa y que fue lo único que pudo sacar de la casa donde nació.

Ya en la gran ciudad, se puso en contacto con un primo que hacía mucho que no veía y la dejó un pequeño cuarto donde nació Miguelito. Siempre recordaría esa noche larga y dura que casi la dejó seca de tanto empujar. Una vecina la ayudó a traer al niño, mientras el primo esperaba en el cuarto de al lado.  Fue algo doloroso, pero el niño nació fuerte y cuando le dieron un buen manotazo en las nalgas casi despierta a los vecinos de los berridos que daba. Era grande y estaba bien. Le lavó la comadrona y se lo entregó a la madre diciendo: “He aquí vuestro hermoso hijo”. Unos dos o tres días después, lo llevó a la iglesia donde por unas cuantas pesetas lo pudo bautizar y registrar con el nombre de Miguel, en recuerdo de su padre.

Ana, se fue recuperando poco a poco y ayudaba a su primo. Pronto se pudo cambiar a un piso cercano de una habitación con chimenea, mientras veía crecer a su hijo, cosía ropa para las vecinas y se ganaba unas monedas. Miguelito aprendía a coser botones y cosas sencillas que le enseñaba su madre. También ayudaba a los vecinos a recoger leña para las chimeneas y en la escuela lo que más le gustaba eran las matemáticas. Siempre estaba contando cosas con la mente o sumando o restando y poco a poco aprendió a multiplicar, leer y escribir. Se pasaba horas contando las vueltas que daba su madre con la aguja y el número de bobinas de hilo que compraba. Por lo menos tenía las agujas de su madre y nos les solía faltar algo de comida todos los días.

Una tarde, sentado en la acera, vio a lo lejos en un escaparate los zapatos más bonitos que había visto en su vida. Eran de piel marrón y unos cordones blancos que le parecieron preciosos. Nunca había tenido unos zapatos así. En la puerta de la tienda había un anuncio, se necesitaban aprendices para poder coser la mayor bandera de la ciudad y el ganador se llevaría esos hermosos zapatos. Nada más verlo se inscribió para el concurso y se lo llevó a su madre, que no le hizo mucho caso, decidió ir a casa de su tío para que le ayudara y al final de tanto decirlo habló con Ana para que ayudara con la bandera. Estuvieron días y noches hasta tener una hermosa bandera que sería la envidia de los demás. La guardaron con mucho cuidado en una bonita caja que tenía su madre, para poder llevarla a la tienda el día del concurso. Había muchos aspirantes y todos codiciosos y envidiosos de Miguelito que hicieron de todo para que perdiera; incluso intentaron quemar la bandera que tenía guardada, pero menos mal que su tío tuvo la idea de llevarla a su casa. El día del concurso, allí estaban los candidatos y el dueño de la tienda viendo la bonita que era la bandera de Miguelito, no tuvo dudas que era el niño que se quedaría esos zapatos mágicos y además le enseñaría a ser sastre para que trabajara con él. Ese día, nació una bonita amistad que duró hasta que murió años más tarde el sastre y le dejó la sastrería a Miguel. Ya no le gustaba que le llamaran Miguelito.

ENCUENTROS

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                                                                                ENCUENTROS
 
Después de haber pasado más de un mes desde que dejó de trabajar como Monitora de Ruta en el colegio, aún la seguían llamando las madres para que volviera de nuevo a su trabajo en el autocar. Aunque a ella lo que más le dolía era el trato final que le dio el conductor, pues la había bloqueado el WhatsApp y no se podía comunicar con él antes de encontrar este nuevo trabajo en el museo donde se encontraba ahora, que era más tranquilo y el horario es mucho mejor.

Un día vio pasar el autobús escolar cerca de su casa y él la saludó. Ella le miró de refilón, no sabía si saludarle o no. Aún sentía cosas por él, después de lo que pasó desde marzo hasta junio que habían tenido una relación. Pero a veces el universo se confabula contra los humanos y una mañana de septiembre, casi al empezar las rutas, ella se levantó, regañó a un niño de los mayores, le quitó el móvil porque tenía el volumen muy alto y estaba molestando a los demás niños y de pronto, justo es ese momento, Javi el conductor frenó porque se le cruzó un coche, ella casi se cae, se agarró todo lo que pudo en el reposabrazos de uno de los sillones del autocar, se asustó y se hizo daño en el hombro derecho a parte de algún morado.

Se quedó un rato sentada con la cabeza agachada y tapándose la cara con las manos. Intentaba respirar y relajarse y controlar el susto; pero le costaba. Esperó a estar más tranquila y poder levantarse y sentarse en la parte delantera, para poder seguir con su trabajo. No se atrevía a escribirle a Javi para poder estar juntos otra vez encima suya, que la cogiera y atrapara como la tercera vez que estuvieron juntos y la besó de esa manera que parece te van a llevar al cielo. Además, al llegar al colegio tenía que llevar a dos de los pequeñitos a la guardería y que pena que no se atreviera. Así era ella, que le daba corte algunas cosas y luego ya no sabía qué hacer.

Como ese día que le vio pasar con el autocar cerca y le mandó un mensaje porque quería invitarle a un café por su cumpleaños. La verdad que no sabía se contestaría pero, bueno, pasaron varios días hasta que él la llamó y quedaron para verse y tomar ese café. Después, ya es otra cosa lo que pasó, pero lo dejo a cuestión del lector que decida que sucedió después del café.

LAS MANOS

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LAS MANOS

Cuando nació Leo y conocí a Javi, todo giraba en torno a ellos. Leo era muy pequeño, lloraba, me daba la sensación de que se sentía que le “Abandonaban”, que pasaba de mano a mano. De las de su padre, pasaba a las mías, lloraba. Yo le veía llorar, me hacía daño, sufría por él. Tan pequeño, le dejaba en el autocar y lo cogían manos distintas a las mías. Sí, las de la monitora y seguía llorando y después en el colegio le dejaban allí en guardería y volvía a llorar se quería quedar con la monitora, pero no debía.

Unas manos le cogían de nuevo y otras en el comedor le daban de comer, le llevaban para que hiciera siesta… ¿Cuantas manos le habrán tocado? Manos expertas, suaves, rugosas, de mujer, de hombre, de niña, así todas las manos posibles le lavaban, le peinaban, le daban calor, le calmaban o le lastimaban… así eran las manos probables o posibles que le hicieron descubrir mundos secretos y dolorosos que más tarde le llevarían a “Otros Mundos” más oscuros y desagradables que le convertirían en un ser desalmado que haría daño a otros niños. Así fue la historia de Leo, que solo buscaba en las manos aquello que le calmaba cuando apenas tenía uno o dos años. Necesitaba calor y lo hacía con manos que coleccionaba, que cortaba y troceaba. Luego las guardaba en grandes frascos y los coleccionaba para disfrutar contemplándolas. Así era su vida, hasta que un día le encontraron en el suelo de su apartamento muerto y rodeado de todas “sus manos” esparcidas por encima de su cuerpo y alrededor de él.

UN DESTINO DIFERENTE

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UN DESTINO DIFERENTE

En esta vida tenemos varias opciones. Coger un tren o no cogerlo. Así es la vida. Por eso iba yo todas las mañanas con mi maleta y mi sombrerera; como Mary Poppins que llevaba su equipaje de mano y volaba con su paraguas; pero como yo no sé “Volar” porque no había aprendido. Cogía siempre un tren y me acercaba a los andenes para elegir si subía o no.

Esa mañana, llovía poco y las luces de la ciudad iluminaban las calles que reflejaban las gotas de lluvia en las ventanas. Es bonito ver caer la lluvia mientras viajas en el tren, destino… pues no lo sé. Es un destino bonito, la verdad. Es todo misterioso, apareces donde menos te imaginas/ puedes imaginar o donde te pueda llevar la imaginación. Yo subía, me encanta que todos los vagones tengan puertas para pasar directamente sin tener que molestar a los demás pasajeros en el pasillo, y sentarme tranquilamente mientras espero que llegue el mozo y me ayude a subir mis maletas o que aparezca el revisor con su maquinita que pica y pica sin cesar. Ese ruido es curioso. Hace “Tic, Ti, Tic…”. Al oírlo me recorre un cosquilleo por la piel que hace que se me pongan los pelos de punta. Me da sensación de vida. ¡Qué bien suena!

Al principio cuando no conocía las normas del tren y no sabía a donde iba a viajar.

Un día, nada más situarme en mi vagón, apareció el revisor y me enseñó unos billetes de tren. Me pidió que le enseñara el mío y miró extrañado:

-¡Señorita!- Me dijo. Se ha equivocado de tren. Éste tren no es el suyo. Va más delante de nosotros exactamente una semana. No va /para en su destino. Éste tren no llega hasta el final, debe cambiar de tren o coger uno de los billetes de colores que llevo en mi bolsillo para que pueda aproximarse a su destino. Ya le digo que llegaremos más tarde de lo que usted necesita.

- ¡Pero, Monsieur! – Murmuré asustada- (Estoy un poco asustada.) En la estación me confirmaron que llegaría a mi destino sin incidencias y que podía elegir el tren de color carmesí que quisiera; incluso dejas escapar uno o dos trenes a lo sumo para llegar sin peligro a mi destino y con mi equipaje.

-Bueno- Contestó- se puede hacer una cosa, pero solo si el motivo del viaje es importante. ¿Me podría decir exactamente cuál es la causa o razón que la impulsa para realizar este viaje?

-La verdad es que no estoy muy segura de a donde me dirijo. En la estación pregunté si había un tren destino “No lo Sé” y me dijeron lo que tenía que hacer y cuentos trenes esperar y qué andén tenía que situarme. Me pareció sencillo o eso entendí.

-Ya. Lo que pasa que las normas del ferrocarril son muy complicadas para los pasajeros, solo las conocemos nosotros los revisores que somos los que le indicamos el destino al maquinista. Ellos tampoco saben dónde vamos, solo nosotros. Se lo tengo que enseñar. Deberá venir conmigo con los ojos vendados, le pondré este pañuelo de seda único en el mundo que hace que flote y vuele sin necesidad de paraguas o escobas. Ya verá que divertido va a ser que en nada llegamos a la sala de máquinas y le muestro nuestro secreto para elegir destino. Es muy fácil. Lo del pañuelo es por seguridad nuestra. Los pasajeros nunca deben saber dónde está la sala de máquinas, así no nos chocamos.

Nada más ponerme el pañuelo de seda, noté que mis pies flotaban y me parecía volar, pero por encima del tren y después aparecer donde estaba el conductor del tren. Allí me quedé sorprendida porque no habíamos tardado nada en llegar. Olía a fresas silvestres y entraba agua de llovía que se recogía para poder regar las plantas del tren y del jardín que tenía en el vagón de cola lleno de rosas y camelias, cuyo olor se mezclaba con los aromas del café del vagón restaurante.

Yo estaba embriagada de tanto olor floral. Y el café me espabila siempre que lo huelo. Mínimo me tomo tres o cuatro capuchinos al día. Me parece que hay que tener algún vicio en esta tierra verde y azul, de peces y osos que pueblan mi planeta de flores extrañas y olorosas.

Bueno, a lo que iba. Que desvarío mucho últimamente desde que se me ocurrió montar en tren. La cosa es que “Mi Revisor”, en la sala de máquinas me enseñó los planos de los viajes por donde se iba a “Mi Destino”. Yo tenía que elegir, allí había una palanca muy grande y muy rara que tenía el manillar en forma de margarita gigante y cada pétalo marcaba un sitio/un lugar diferente al que ir. Se podía ir a: “Nunca Jamás”, para hablar con Peter Pan y el Capitán Garfio, “La Casita de Chocolate” para tomar un chocolatillo caliente con los Hermanos Hansel y Gretel, podría conocer a Frankenstein, ver cómo nace Pulgarcita de la planta o comer habichuelas mágicas con el gigante y subir en globo y dar La Vuelta al Mundo en ochenta días con Willy Fog.

Tenía también otra palanca que ponía otros sitios a los que visitar; como por ejemplo: “Amor, Besos, Abrazos, Cariño… y otro que no se veía bien el destino. Yo le pregunté y parece ser que es el más solicitado. Con lo cual elegí esa palanca y allá que voy. Viajando sin parar… Mi destino: “No lo sé”
 

SOLO BLANCO

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SOLO BLANCO

¿Qué es el Alma? - Me pregunto mientras te veo aquí en la camilla del hospital enchufada a una máquina para que respires.

Esta habitación es toda blanca, hasta las sábanas que te cubren.

Te imaginé así, tumbada en la carretera. De color sangre. De color azul.

Y eres tú, vestida de verde. Ese verde azulado o azul verdoso, que no sé en qué se parecen.

Sólo sé que eres tú. La que un día cogió su maleta.

Recorrió el mundo entero y me dejó allí tirado. Cual perrillo faldero, agotado de intentar hacerte feliz… Y sin embargo, sé que te quiero. Que me gustan tus ojos y el color de tu piel y el sabor de tus besos.

Eres tú y sólo tú. La que me embriaga por las noches/en las noches de luna llena y me hace suspirar y sufrir y besar.

Hasta que un día, me llamaron.

¡Sí! Me llamaron del hospital y me asusté. ¡Sí! Me asusté mucho. Y morí de amor. De amor por ti.

Y te vi. Sí, en esa cama blanca, con sábanas blancas. Donde estaba yo mirando desde arriba tu cuerpo enchufado al televisor.

EL NACIMIENTO DE LOS ECLIPSES

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EL NACIMIENTO DE LOS ECLIPSES

En algún lugar no muy lejano cerca de las montañas, vivían Mamá Osa y sus hijitos. Tenían la suerte de ser hermanos de La Luna, que era blanca y brillante en las noches serenas y a veces se ocultaba tras algunas nubes porque era un poco vergonzosa. La querían y la cuidaban mucho, dormía de día y cuando se despertaba solía bañarse en leche tibia y recién ordeñada de las cabras que cuidaban “Sus Hermanos los Osos”. Cada noche brillaba más y más. Al terminar subía al cielo y allí se quedaba hasta el amanecer. Después, ella se acostaba para poder descansar.

En uno de esos días, en los que la Luna se estaba preparando para subir al cielo, se secó cuidadosamente el cuerpo con las toallas recién limpias y suaves que le trajo  Mamá Osa. Y se asomó por la ventana para que el aire de la primavera la llenara de suavidad y de frescura. O simplemente, para oler el aroma de las flores silvestres que crecían debajo. Se vistió cuidadosamente, cepilló su larga melena plateada y cenó un caldo que le calentaría durante toda la noche.

Con la ayuda de sus hermanos, subió por la escalinata plateada que la llevaría directamente al cielo estrellado y se llevó su manto de lana para no pasar frío.

La noche fue suave y serena. Todos los habitantes del pueblo durmieron perfectamente sin ningún incidente.

Los osos poco a poco se iban despertando y el pueblo también empezaba con sus labores habituales. Hacía calor y apetecía ir al río a pasar el día. Pero esta vez, parecía que el calor apretaba demasiado y pasaban las horas y las horas y ya Mamá Osa estaba preocupada. No sabía por qué tardaba tanto su “Hija”, era extraño; siempre bajaba en cuanto salía el Sol. Se ponía nerviosa e iba de una habitación a otra sin parar.

Como no aparecía, Mamá Osa fue al pueblo para poder hablar con el Alcalde, el Cura y el Médico, que son las personas más importantes que la podían ayudar. Decidieron organizar una pequeña búsqueda por todo el pueblo y en los pueblos cercanos. Pero no la encontraban por ningún sitio. Perros y soldados iban por los bosques, por las montañas y los ríos, sin éxito alguno. Estaba Mamá Osa llorando sin parar.

Estuvieron muchos días buscándola sin parar y se dieron cuenta que el cielo no se oscurecía y que El Sol calentaba más y más. El médico, que además le gustaba observar las estrellas y el cielo, empezó a estudiar la posición del sol y se lo comentó al Alcalde y se dio cuenta que era muy raro que estuviera allí siempre, alumbrando el cielo. Así que pensando y pensado, decidió ir con un pequeño grupo  de soldados a la montaña más alta del pueblo, que era donde vivía El Sol. Y allí encontraron a la Luna en la cama, atada solo por los pies y detuvieron al Sol; que más tarde confesó que estaba enamorado de ella  y que la quería tener cerca para poder contemplarla.

Así fue como entre todos, se decidió que La Luna estuviera unos meses con los osos y otros meses con el Sol y entre medias algún eclipse vi por ese pueblito que es uno de mis favoritos y además se observan unos preciosos amaneceres, mientras veo como naturaleza sigue su curso.

 

 

EL AÑO QUE MATÉ AL MUNDO EN “59 MINUTOS”

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EL AÑO QUE MATÉ AL MUNDO EN “59 MINUTOS”

 

30 de Octubre de 1938

Ha pasado ya mucho tiempo, pero parece que fue ayer. No pensé que se desbordara todo. Que los habitantes se lo creyeran, que salieran a las calles a buscar refugio, se llevaran sus pertenencias o vaciaran los supermercados de manera tan exagerada. Fue una cosa sencilla, pero se desorbitó de tal manera que al final tuve que comunicar que era todo una simple lectura de un viejo libro que tenía por mi casa.
Fui con mis compañeros a la emisora de radio en la que estábamos preparando nuestro programa para Halloween. No sabíamos el alcance que iba a tener. Era una simple lectura para animar la noche. En esos “59 Minutos”, las ciudades se desbordaron. Y eso que durante la emisión del mismo leímos lo siguiente:
“En los próximos minutos leeremos e  interpretaremos con nuestros mejores actores de la emisora una de mis novelas favoritas sobre ciencia ficción”.
Lo presentamos como un simple noticiero. Las personas que sintonizaron la radio más tarde del inicio de nuestra emisión, no se percataron de que era una simple lectura del viejo libro. Tan sólo escucharon:

“Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa de baile para comunicarles una noticia de último minuto procedente de la agencia Intercontinental Radio. El profesor Farrel del Observatorio de Mount Jennings de Chicago reporta que se ha observado en el planeta Marte algunas explosiones que se dirigen a la Tierra con enorme rapidez... Continuaremos informando».

Más de 12 millones de personas salieron a las calles, colapsaron las carreteras, se asustaron, algunos se suicidaron y el teléfono de la policía no paraba de sonar.

Los días siguientes, tuve que salir y presentarme ante las cámaras de televisión para poner un poco de orden. Casi rueda mi cabeza, pero a pesar del caos que provoqué, mi trayectoria como locutor aumentó más y más.

Los Medios de Comunicación dominaron la audiencia en todo el país. Lo puse patas arriba y demostré lo que es controlar a la población con un simple libro antiguo.

SUEÑOS Y CONQUISTAS

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SUEÑOS Y CONQUISTAS

¿Qué no sabes como llegué hasta aquí? ¿Cómo llegué tan alto? Pues nada, fue sencillo. Se conjuntaron varios elementos que hicieron que mi subida fuera tan rápida que ya nadie lo puso en duda. Llegué y triunfé.

Había hambre; bueno, el  pueblo lo tenía. Malas cosechas, economía desorbitada, los gastos del pan por las nubes, una corte corrupta, llena de deudas y malas infraestructuras.

Ya te digo que se juntaron muchas cosas. Las suficientes para que un simple soldado llegara a lo más alto. Aunque ahora creo que me envenenaron. Sí, no lo sé. Pero estoy seguro que en la comida había algo que sabía amargo. Yo levanté el imperio dos veces para llevarlo a conquistar el mundo entero. Lo pude y supe hacer porque era un gran estratega y porque en caballería era el mejor galán del regimiento. Me llevaba a mis hombres por toda Europa, rodeados de pequeños grupos de  prostitutas que se acercaban a nuestro campamento y entretenía a la tropa. Así fue como poco a poco conquisté el sueño de Alejandro y de Julio César.  Ahora me tocaba a mí llevar a mi país lejos, muy lejos. No solo los héroes griegos o romanos tienen sangre conquistadora. Yo quería más y más. Incluso llegué a casarme con una princesa austriaca y a mis enemigos no les quedaba otra que interesarse por mí. Era la admiración de todos los reyes y la envidia de las mujeres que se sentían atraídas hacia mí y de las que yo sólo me encaprichaba de algunas de ellas.

Logré dejar un heredero, pero falleció de manera prematura, aunque un sobrino mío también cogió el nuevo mando y rumbo de nuestra nación; mientras yo seguía en “Mi Isla”; esa a la que me obligaron a  volver para poder controlarme de nuevo y dejarme al olvido de los demás. A pesar de todo, siempre me han recordado por un gran estratega, sobre todo en tierra. Me encantaba encerrar a los ejércitos por los lados mientras los distraía por el frente. Táctica habitual desde la Edad Media: Ejército frente a Ejército.

El que más alto llegó. Yo, que llegué muy alto. Ahora me tocó caer. Sí, caí envenenado y mi muerte provocó algún que otro caos en las cortes europeas; que a pesar de todo me idolatraban y me admiraban.

LO QUE NO PUBLIQUÉ

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LO QUE NO PUBLIQUÉ

    Siempre que salgo de viaje, me llevo mi mejor cámara para poder sacar lo más llamativo y después publicarlo en la revista. Suelo hacer varias tomas hasta elegir la más adecuada para presentarla donde trabajo. Es sobre viajes y recuerdos de la gente a la que suelo fotografiar. Siempre voy acompañada de mi guía Karim, al que conocí en uno de esos viajes a Marruecos para una presentación de unos premios y quien me llevó a conocer Turquía, la mezquita azul y el TopKapi.
  En esta ocasión, íbamos a viajar a Kenia en busca de ese sol y colores que en Europa no se veían y conocer la sensación de soledad de las grandes sabanas, donde a lo lejos se veía, quizá, algún árbol y las gacelas corriendo en busca de alimento o agua para poder sobrevivir a dicha naturaleza. Fue una experiencia única y gratificante, donde aprendí a escuchar el silencio de la naturaleza, el correr de animales y la sensación de soledad en las explanadas; a cenar junto a la hoguera y aprovechar las horas de la madrugada o el amanecer para poder sacar las mejores fotos.
  Como me había dejado un par de cosas en el hotel, le indiqué a Karim que me las enviara a Madrid, donde revisaría todo para poder elegir y mandar las a la revista y que se encargaran de su publicación.

  Revisé las anotaciones del viaje y las fotografías. Tropecé con una que me llamó la atención. Se veía a una niña tumbada y tapada junto a un león que parecía que la miraba y le acariciaba la mano. Me quedé hipnotizada. No hacía más que mirarla y mirarla. Desde que me la dieron junto con las otras fotografías de mi viaje a Kenia, sólo pensaba en ella, día y noche.

  Tenía hasta pesadillas o sueños extraños. La niña aparecía junto al león tumbado en aquel colchón con mantas amarilla. Pensaba y pensaba, pero no se me ocurría como había podido llegar a mis manos. Decidí mirar los negativos, para ver el orden y la fecha tomada de la fotografía. y hacerme una idea de en qué parte del viaje pude hacerla. Pero no encontraba nada. Cogí mi cuaderno donde apuntaba aquellos detalles que me habían impresionado de mi viaje a África. Y entre apuntes y fotos pude más o menos hacerme una idea de cuándo y dónde realicé dicha foto.

Comentando esto con mi guía de viaje, de pronto recordó que podría tratarse de aquella niña blanca que habían encontrado casi muerta cerca del poblado a donde la llevaron. Los zulúes la lavaron y el chamán que la limpió, le dió un brebaje que la ayudaría a recuperar fuerzas. Como estaba al lado de un león, éste intentó que no se la llevaran pero finalmente, el chamán del poblado se dio cuenta que ese león era su guardián y protector. Que la había salvado de la muerte y pudo protegerla de otros depredadores.
  Con el tiempo, el león se quedó a vivir en la tribu pero ya era demasiado mayor para poder estar junto a ella. La cuidaba hasta que el propio león enfermó y por eso el jefe de la tribu decidió que durmiera junto a ella. Ya que según sus tradiciones, su cercanía les ayudaría a sanar a los dos.

  Eran almas celestiales en cuerpos de niña y felino, que se tenían que reencontrar en esta vida y en sus siguientes reencarnaciones para poder seguir su proceso evolutivo.
 


"SUEÑOS"

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¿Qué te parece? ¿Nunca te lo has preguntado? Me siento una “pequeñez” al lado del mar. Toda esa agua, esas olas, con su espuma y su sal. Somos solo eso: “Espuma del mar” que desaparece y se deshace poco a poco.

Siempre he pensado que necesitábamos una pequeña lucecilla que nos guiara hasta llegar a nuestro destino. Sí. Como esa “Campanilla” que, a pesar de todo, nos llevaba lejos, muy lejos. Volando o navegando en un barco, destino a “Nunca Jamás”.

Pero, ¿qué es “Nunca Jamás”?

“Nunca Jamás… Me dejarás.

Nunca Jamás… Volverás.

Nunca Jamás… Me Besarás”.

¿Qué es eso? ¿Dónde no ocurre nada? ¿Dónde todo desaparece para siempre? ¿Incluso nuestros sueños más profundos como el mar?

Yo creo, que “Nunca Jamás nunca volverá”, que es cuando llegamos al final de nuestro camino.

Y tú, Peter, “nunca volverás a Nunca Jamás, porque nunca existió. Porque todo fue mentira. Porque me engañaste y porque por fin sé y aprendí que “Nunca Jamás” me amaste, me amarás ni me amas. Porque sólo amas a esa pequeña luz a la que llamas "Campanilla”, que nunca existió ni existe. Que solamente es, algo que te inventaste para que yo te creyera y me enamorara y tenerme siempre para ti. Para que vinieras, siempre que te enfadabas con ella. Sí, con esa lucecilla que es y será en realidad tu locura mental de creer que podrías volar y llevarme, como siempre a “Nunca Jamás”.