UN DESTINO DIFERENTE
UN DESTINO DIFERENTE
En esta vida
tenemos varias opciones. Coger un tren o no cogerlo. Así es la vida. Por eso
iba yo todas las mañanas con mi maleta y mi sombrerera; como Mary Poppins que
llevaba su equipaje de mano y volaba con su paraguas; pero como yo no sé “Volar” porque no había aprendido. Cogía
siempre un tren y me acercaba a los andenes para elegir si subía o no.
Esa mañana,
llovía poco y las luces de la ciudad iluminaban las calles que reflejaban las
gotas de lluvia en las ventanas. Es bonito ver caer la lluvia mientras viajas
en el tren, destino… pues no lo sé.
Es un destino bonito, la verdad. Es todo misterioso, apareces donde menos te
imaginas/ puedes imaginar o donde te pueda llevar la imaginación. Yo subía, me
encanta que todos los vagones tengan puertas para pasar directamente sin tener
que molestar a los demás pasajeros en el pasillo, y sentarme tranquilamente
mientras espero que llegue el mozo y me ayude a subir mis maletas o que
aparezca el revisor con su maquinita que pica y pica sin cesar. Ese ruido es curioso.
Hace “Tic, Ti, Tic…”. Al oírlo me recorre un cosquilleo por la piel que hace
que se me pongan los pelos de punta. Me da sensación de vida. ¡Qué bien suena!
Al principio
cuando no conocía las normas del tren y no sabía a donde iba a viajar.
Un día, nada
más situarme en mi vagón, apareció el revisor y me enseñó unos billetes de
tren. Me pidió que le enseñara el mío y miró extrañado:
-¡Señorita!-
Me dijo. Se ha equivocado de tren. Éste tren no es el suyo. Va más delante de nosotros
exactamente una semana. No va /para en su destino. Éste tren no llega hasta el
final, debe cambiar de tren o coger uno de los billetes de colores que llevo en
mi bolsillo para que pueda aproximarse a su destino. Ya le digo que llegaremos
más tarde de lo que usted necesita.
- ¡Pero,
Monsieur! – Murmuré asustada- (Estoy un poco asustada.) En la estación me
confirmaron que llegaría a mi destino sin incidencias y que podía elegir el
tren de color carmesí que quisiera; incluso dejas escapar uno o dos trenes a lo
sumo para llegar sin peligro a mi destino y con mi equipaje.
-Bueno- Contestó-
se puede hacer una cosa, pero solo si el motivo del viaje es importante. ¿Me podría
decir exactamente cuál es la causa o razón que la impulsa para realizar este
viaje?
-La verdad
es que no estoy muy segura de a donde me dirijo. En la estación pregunté si
había un tren destino “No lo Sé”
y me dijeron lo que tenía que hacer y cuentos trenes esperar y qué andén tenía
que situarme. Me pareció sencillo o eso entendí.
-Ya. Lo que
pasa que las normas del ferrocarril son muy complicadas para los pasajeros,
solo las conocemos nosotros los revisores que somos los que le indicamos el
destino al maquinista. Ellos tampoco saben dónde vamos, solo nosotros. Se lo
tengo que enseñar. Deberá venir conmigo con los ojos vendados, le pondré este
pañuelo de seda único en el mundo que hace que flote y vuele sin necesidad de
paraguas o escobas. Ya verá que divertido va a ser que en nada llegamos a la
sala de máquinas y le muestro nuestro secreto para elegir destino. Es muy
fácil. Lo del pañuelo es por seguridad nuestra. Los pasajeros nunca deben saber
dónde está la sala de máquinas, así no nos chocamos.
Nada más
ponerme el pañuelo de seda, noté que mis pies flotaban y me parecía volar, pero
por encima del tren y después aparecer donde estaba el conductor del tren. Allí
me quedé sorprendida porque no habíamos tardado nada en llegar. Olía a fresas
silvestres y entraba agua de llovía que se recogía para poder regar las plantas
del tren y del jardín que tenía en el vagón de cola lleno de rosas y camelias,
cuyo olor se mezclaba con los aromas del café del vagón restaurante.
Yo estaba
embriagada de tanto olor floral. Y el café me espabila siempre que lo huelo.
Mínimo me tomo tres o cuatro capuchinos al día. Me parece que hay que tener
algún vicio en esta tierra verde y azul, de peces y osos que pueblan mi planeta
de flores extrañas y olorosas.
Bueno, a lo
que iba. Que desvarío mucho últimamente desde que se me ocurrió montar en tren.
La cosa es que “Mi Revisor”, en la
sala de máquinas me enseñó los planos de los viajes por donde se iba a “Mi Destino”. Yo tenía que elegir, allí había
una palanca muy grande y muy rara que tenía el manillar en forma de margarita
gigante y cada pétalo marcaba un sitio/un lugar diferente al que ir. Se podía ir
a: “Nunca Jamás”, para hablar con
Peter Pan y el Capitán Garfio, “La Casita
de Chocolate” para tomar un chocolatillo caliente con los Hermanos Hansel y
Gretel, podría conocer a Frankenstein, ver cómo nace Pulgarcita de la planta o
comer habichuelas mágicas con el gigante y subir en globo y dar La Vuelta al Mundo en ochenta días con Willy
Fog.
Tenía
también otra palanca que ponía otros sitios a los que visitar; como por
ejemplo: “Amor, Besos, Abrazos, Cariño… y
otro que no se veía bien el destino. Yo le pregunté y parece ser que es el más
solicitado. Con lo cual elegí esa palanca y allá que voy. Viajando sin parar…
Mi destino: “No lo sé”…