Nocturno
“Todas las mañanas, nada más levantarme, lo primero que hago es mirar las esquelas del periódico”.
El humo de la taza de té, me lleva a evocar una noche de neblina en la que paseaba por el Támesis; ese río oscuro y ancho que cruza mi ciudad de norte a sur. Yo estaba allí tranquilamente paseando, cuando de repente, oigo ruidos de pisadas y gritos en los callejones donde se suelen avistar pequeños grupos de burgueses que se dirigen a las tabernas donde buscar distracción y alguna que otra noche de sexo rápido y fugaz.
Yo, me agazapo, tras los muros y observo como se ríen, se mueven y se acercan a esas chicas flacuchas y con los pequeños pechos al aire. Tienen los pelos alborotados, las manos negras y la cara sonrosada por el frío y el alcohol.
Las miro de lejos y voy eligiendo aquellas que se quedan solas y van a sus cuartos sucios y grasientos, donde duermen a oscuras.
Yo, entro despacio y las voy destapando con la mirada y luego les quito la manta raída y con mi cuchillo acaricio su piel con una sinuosa curva hasta que veo su brillo en sus ojos y su horror en el rostro. Una a una las voy abriendo y saco sus intestinos, sus vísceras, sus entrañas… todo huele a miedo y dejo el cuarto lleno de sangre y me llevo su rostro reflejado de miedo en mi memoria.
El cuarto está silencioso y revuelto y sangriento. En mi maletín guardo los cuchillos y los instrumentales que utilizo para descuartizarlas. Llego a mi casa, me lavo un poco y duermo hasta que mi sirvienta me despierta y abre las cortinas de mi habitación. Me trae mi oloroso té con galletas de mantequilla y The Times.
Busco rápidamente las páginas donde vienen las esquelas, leo y busco los nombres de las personas fallecidas, pero sólo veo pequeñas descripciones de muertes misteriosas en los barrios bajos llenos de prostitutas.
Me recreo leyendo cada detalle, incluso me excito. El sudor y la sangre me provocan y quiero más. Mi corazón se acelera y saboreo mi saliva, me entran ganas de limpiar mis herramientas y preparar otra visita nocturna con mi mejor traje y mi capa negra.
¡Otra vez saldré de caza!
