Nocturno

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“Todas las mañanas, nada más levantarme, lo primero que hago es mirar las esquelas del periódico”.


El humo de la taza de té, me lleva a evocar una noche de neblina en la que paseaba por el Támesis; ese río oscuro y ancho que cruza mi ciudad de norte a sur. Yo estaba allí tranquilamente paseando, cuando de repente, oigo ruidos de pisadas y gritos en los callejones donde se suelen avistar pequeños grupos de burgueses que se dirigen a las tabernas donde buscar distracción y alguna que otra noche de sexo rápido y fugaz.


Yo, me agazapo, tras los muros y observo como se ríen, se mueven y se acercan a esas chicas flacuchas y con los pequeños pechos al aire. Tienen los pelos alborotados, las manos negras y la cara sonrosada por el frío y el alcohol.


Las miro de lejos y voy eligiendo aquellas que se quedan solas y van a sus cuartos sucios y grasientos, donde duermen a oscuras.


Yo, entro despacio y las voy destapando con la mirada y luego les quito la manta raída y con mi cuchillo acaricio su piel con una sinuosa curva hasta que veo su brillo en sus ojos y su horror en el rostro. Una a una las voy abriendo y saco sus intestinos, sus vísceras, sus entrañas… todo huele a miedo y dejo el cuarto lleno de sangre y me llevo su rostro reflejado de miedo en mi memoria.


El cuarto está silencioso y revuelto y sangriento. En mi maletín guardo los cuchillos y los instrumentales que utilizo para descuartizarlas. Llego a mi casa, me lavo un poco y duermo hasta que mi sirvienta me despierta y abre las cortinas de mi habitación. Me trae mi oloroso té con galletas de mantequilla y The Times.


Busco rápidamente las páginas donde vienen las esquelas, leo y busco los nombres de las personas fallecidas, pero sólo veo pequeñas descripciones de muertes misteriosas en los barrios bajos llenos de prostitutas.


Me recreo leyendo cada detalle, incluso me excito. El sudor y la sangre me provocan y quiero más. Mi corazón se acelera y saboreo mi saliva, me entran ganas de limpiar mis herramientas y preparar otra visita nocturna con mi mejor traje y mi capa negra.



¡Otra vez saldré de caza!

INCONSCIENTE Y DESORIENTADO

19:41 0 Comments A+ a-



Cuando desperté el dinosaurio seguía allí. No quería que me viera y yo seguía escondido bajo el tronco de un árbol que encontré. Llevaba mi cuchillo en la mano por si intentaba atacarme. Estaba amaneciendo y había sido una noche larga y oscura. Estaba respirando lentamente, porque no sabía si el dinosaurio seguía vivo; después de la lucha y de correr por toda la ladera, estaba cansado y deshidratado.


Mi tribu estaba muy lejos. No podía pedir ayuda a nadie. Éramos él o yo. No quería hacer ruido y no me atrevía a moverme; pero tenía que salir de allí, morir o esperar que se fuera.


Vi que el sol empezaba a levantarse en el cielo y que iluminaba la ladera donde estaba tumbado. Desde donde yo estaba, la piel del dinosaurio brillaba bajo la luz del sol y tenía una mancha marrón que parecía que se estaba extendiendo por la tierra y le oía gemir como si le doliera ya que con su lengua empezó a lamer la herida para intentar curarse. Salía una saliva espesa y de color amarillento. Yo no sabía qué hacer. Desde que salí de la cueva en la que estaba con mi tribu no me acordaba muy bien de lo que había pasado desde entonces ni de cómo había llegado hasta allí ni porque estaba ese dinosaurio tumbado y con esa herida…



Sólo sentía un gran dolor en la cabeza; como si me hubieran dado un golpe o algo parecido. Me toqué y tenía un chichón, la cabeza empezó a darme vueltas. Me tumbé y mis ojos se fijaron en la gran bola de fuego que caía desde el cielo. Eran varias bolas ardientes y el dinosaurio intentó levantarse para salir corriendo; aunque tenía la herida en la pierna. Se fue levantando poco a poco para poder escapar de las bolas de fuego. Yo hice igual; pero al estar dentro del tronco me di otro golpe en la cabeza y caí…Me quedé inconsciente y desperté desorientado… Y el dinosaurio seguía allí.

Las Manos

13:17 1 Comments A+ a-


- Hola María, ¿qué tal estás? Un besito. Mua mua. ¿Nos sentamos?

- Hola Marta. Claro. ¡Ah! Qué noche

- Cuenta, cuenta ¿qué es qué…? ¿Carnicero?

- Sí y trabaja en MercaMadrid.

- ¡Ah! Qué asco. Si te ha sobado y magreado con sus manos. Esas manos grandes y gordas.

- Pues tiene una chistorra, digo unas… Se levanta a las tres y las trae.

- ¡Qué formalidad!

- Pues sí, es verdad. Trabaja mucho, madruga y trae la carne congelada; además es el primero en poner su mostrador y colocar la mercancía. A veces, le veo bajar del camión con un cerdo a sus espaldas; entrar en las cámaras frigoríficas y colgar los cerdos en los pinchos.

- Sí. Yo siempre le veo cuando voy a trabajar. Te atiende fenomenal en su tienda y corta la carne con delicadeza.

- ¿Sabes? Le encontré en la discoteca del barrio, con sus vaqueros, su jersey verde oscuro y sentado en la barra tomando su cerveza. Y Allí estaba yo, con mi blusa escotada, mi minifalda negra y esos tacones impresionantes que me elevaban hasta él. Me acerqué, sus ojos me hechizaron. No veas como me comía con los ojos.

Esos ojos marrones y profundos que me derretían al andar. ¡Uf! Casi me resbalo por mis tacones; pero él me agarró y pude sentir sus brazos duros y fuertes. ¡Uf! ¡Qué sensación! Me agarraba como Dios manda. ¡Sí Señor!

- ¡Anda ya, María! No puede ser así

- ¡Qué sí! ¡Qué sí! ¡Qué es verdad!

- Bueno, sigue. ¿Y qué más pasó?

- Pues nada, nos liamos en el bar y me sobó todo lo que pudo y más. Al final, nos tuvimos que ir a su casa, no aguantaba más. Me lo quería comer enterito. ¡Qué gozada! Nunca pensé que un tío tan grande y tan feo pudiera hacerme sentir así. ¡Y sus manos! ¡Uf! Lo mejor. Chupando sus deditos uno a uno.

- No te creo; debe tener las manos más ásperas y apestosas de todo el mercado, si coge animales congelados y cabezas de cerdo.

- Envidia que te da. ¡ja!

- A la próxima me lo tiro yo, a ver si es verdad.

Los Guantes de Gilda

13:40 2 Comments A+ a-



En los años 40, estaba de moda España y muchos famosos venían de Hollywood para disfrutar de sus famosas fiestas, toros y vinos. Una de esas estrellas fue Margarita Cansino, más conocida como Rita Hayworth. Venía precedida de grandes escándalos, desde cuatro o cinco matrimonios, mejor actriz y bailarina, hasta símbolo erótico.



Los madrileños pudieron ver en diciembre de 1947 el estreno de la película que llegaba a nuestra ciudad con gran fama. La iglesia católica la consideró un escándalo y gravemente peligrosa. Todos los españoles pensaban que la actriz realizaba un striptease y que aquí la habían cortado los censores y sólo se veía la escena en la que se quitaba el famoso guante. Parece ser que a los hombres les parecía normal eso de dar un bofetón a una mujer tan exuberante.



Como no entendía muy bien lo que le contó su abuela, cuando creció y pudo ver la película en vídeo y se dio cuenta que era una historia bastante movidita, donde Glenn Ford es amante de Gilda y su marido desaparece.


Con ese guante se volvió fetichista. Quería unos guantes iguales y hacer lo mismo con ellos: “Quitárselos muy lentamente”.


Ese era su sueño: unos guantes negros como los de Gilda.



Le costó encontrarlos, estuvo varios días buscándolos. Cuando los vio en una tienda de la Gran Vía de Madrid, bajando desde Callao a Plaza España, no lo dudó ni un segundo. Eran los mismos que usó Rita y no tuvo más remedio que entrar y comprarlos. Se los habían puesto a un maniquí con un vestido largo de noche y negro y una peluca pelirroja. Como la actriz. Parecía increíble, pero al fin los encontró. Eran sedosos, largos y negros. ¡Maravillosos! Tal y como los había soñado. Lo que necesitaba.



No se lo podía creer, pero por fin los tenía en sus manos. No paraba de tocarlos todo el rato. ¡Qué suaves son! ¡Qué largos! Perfectos para mí. Le llegaban casi al codo. No podía esperar a llegar a casa y se los puso.



¡Qué sensación más increíble! Se sentía flotar y mayor, de repente.



Ahora entendía por qué al quitarse los guantes, ella bailara y lo moviera. Te hacían sentir poderosa. Que se podía dominar todo si los llevabas puestos. En su retina todavía se podía ver como bailaba y se iba acercando al espectador con esa mirada felina, con esa melena pelirroja larga y suelta y toda su figura inmensa.



¡Preciosa imagen!



Por la noche, en casa, se preparó para salir al escenario vestido de esa forma para su actuación en el cabaret de Latina. Y consiguió muchos aplausos. Él creía que su éxito se había terminado, pero cuando se puso esos guantes se dio cuenta que así no habría nadie que le hiciera daño, que todo por lo que había sufrido se había esfumado y su padre nunca más le volvería a tocar y solamente conseguiría el respeto de su público innovando y preparándose para sacar lo mejor de su repertorio.


Vestido de Gilda, cosechó grandes éxitos y viajó mucho por toda España. En esa España que no respetaba las ansias de volar de las personas con grandes miras a las estrellas.


Un día, cuando iban por la carretera para su próxima actuación, un camión se cruzó con ellos y murieron en el acto. Los guantes saltaron por los aires mezclados con los rollos de bobina que llevaban: era la película de Gilda.


Así todo se acabó: El sueño de Gilda se fue para siempre en la memoria.

ESPERANZA

14:08 1 Comments A+ a-




ESPERANZA

- Mi corazón sensible

Lloraba por el daño producido,

Que vivía incomprendido

Tras la jaula invisible

Y mental del camino.


- Junto a la chimenea,

Veía un anochecer oscuro

Que presagiaba, ¡Oh, luna llena!

Su llegada, mecida por el viento frío.


- Sus ojos, rojos del calor del fuego

Reflejaban ira, compasión y miedo…

Sólo una cosa despertó en ella

Al crepitar las llamas:


-Su voz sonora, dulzona.

Su olor, su sombra.

Su nombre y persona.

Todo quedó en silencio,

Al besarla...

Alí, Mi Abuelo

12:42 4 Comments A+ a-

Mi abuelo nació en Sebastopol, era militar. Durante su infancia y adolescencia se la pasó de cuartel en cuartel hasta convertirse en un gran soldado y llegaría a Teniente. Era disciplinado y valiente; además de culto e inteligente.


Mi abuela, que le conoció en una pastelería, le pareció guapo, educado y culto.


Como estaban en posguerra, tuvieron un corto noviazgo y cuando se casaron, mi abuelo pidió destino a Madrid. Gran ciudad, moderna y avanzada para el momento. Lo que más le sorprendió fue el metro. Ese gran monstruo que circulaba por debajo de las calles y recorría Madrid de palmo a palmo.


A mi abuelo, lo que más le gustaba era pasear por la Gran Vía, aquella famosa calle llamada Avenida de José Antonio. Con edificios nuevos y altos y tranvías y metros...


¡Qué bien lo pasaba caminando con mi abuela agarrada de su brazo!


Iba con su uniforme de gala todo lleno de medallas y mi abuela con el pelo rizado; con esas pinzas ardientes que hacían ondular su cabello. Se sentaban en una terraza a tomar chocolate con churros mientras veían pasar algunos automóviles que poco a poco irían invadiendo las calles de Madrid.


Mi abuelo era alto y fuerte para mí y mientras escuchaba música en su nueva radio, me dejaba bailar con él subida a sus botas. Yo era feliz y volaba con él.


Escuchaba algún concierto cerca del Templete del Retiro, donde todos los domingos por la mañana, la Banda Municipal tocaba algún Chotis.


En mi memoria infantil, se repetía: " Madrid, Madrid Madrid..."

Las Fuerzas de la Naturaleza

15:27 0 Comments A+ a-


Cuando lo vi, no me lo podía creer. Estaba ante uno de los querubines más famosos de todos los tiempos. ¡Los Querubines!


Esos seres tan encantadores y angelicales, de los que me hablaba siempre mi abuela, que era tan dulce y siempre olía a galletas recién hechas. De pequeña, ella me hablaba de ellos. De esos seres tan pequeños que hacían travesuras a los humanos. No para reírse de nosotros; sino para que nos diéramos cuenta que les gustaba jugar con nuestras cosas y que aparecieran donde menos te las esperabas.


Mi abuela, se reía, y decía que eran pequeñas criaturas de Dios, que las había enviado para hacernos la vida más divertida.


Yo estudié pintura y aprendí restauración en la Universidad de Londres. Me enamoré de las técnicas medievales y éstas me llevaron a Roma. Gracias al rector de la Universidad, pude visitar El Vaticano, dónde por esas coincidencias me dejaron restaurar un trocito de La Capilla Sixtina.


Y allí estaba yo, cual Miguel Ángel, subida al andamio con una linterna, mi bata blanca y mis pinceles. Observando toda la magia que se encontraba sobre mi cabeza.


Casi me desmayo al contemplar tanta belleza. ¡Qué color! ¡Qué maravilla!


Toda encajaba como una sola pieza: “Dios, La Creación del Hombre, los Sabios, La Naturaleza… “Todo perfectamente encuadrado.


Sin susto. Fui despacio y me di cuenta que en una de las zonas que empezamos a restaurar, iban apareciendo nuevas imágenes desconocidas. Como si Miguel Ángel, hubiera pintado y corregido encima de ellas. La limpiamos con sumo cuidado y fue apareciendo el querubín más sonrosado y rubio que hubiera visto en mi vida.


¡Cuánta delicadeza en sus rasgos!


Fue un descubrimiento increíble. Único a nivel artístico. Salió en la prensa como por arte de magia. Un descubrimiento a nivel mundial…


Imposible de creer.


Fue preciosa, la recepción, el reconocimiento artístico y todo los demás…


Para mi impensable.


Curiosamente, cuando salía de la recepción; una pareja que se besaba en el coche, se estrelló contra el cristal del salón donde la imagen del querubín se reía sin cesar.

“ESPEJITO, ESPEJITO”

15:23 0 Comments A+ a-



“Espejito, espejito”. ¿Quién es la más guapa del reino?

¡Vaya tontería! ¿A quién se le ocurrió escribir este texto?

¿Quién va a ser la más guapa? Pues yo.



¿Cómo lo va a ser esa niñata de ojos negros como el carbón

Que va por todo el palacio con ese delantal amarillo cantando con los pajaritos?

¡Debe estar loca! Cantando sin parar. No me deja dormir la siesta.

Cuando lo intento, va y me despierta y me dice:



“¡Madrastra, Madrastra! Despierta, vámonos al bosque a por fresas, que están muy ricas y luego hacemos un pastel con ellas. ¡Qué pesada!

Si no sé cocinar y además me dan alergia.


Es un poco tonta. Mi pobre esposo no sé qué la enseñó: muchos latines, mucho tocar el laúd, aprender danza pero nada más…


¡Ay, Dios mío!


Se podría estar quieta. La dejaré que se vaya al bosque a por fresas y a cantar.


A ver qué pasa…


¡Qué raro! Ya es de noche y la niña esa no viene. ¿Le habrá pasado algo?

Bueno, no es mi problema. Seguiré mirándome en mi espejo”