Los Guantes de Gilda

13:40 2 Comments A+ a-



En los años 40, estaba de moda España y muchos famosos venían de Hollywood para disfrutar de sus famosas fiestas, toros y vinos. Una de esas estrellas fue Margarita Cansino, más conocida como Rita Hayworth. Venía precedida de grandes escándalos, desde cuatro o cinco matrimonios, mejor actriz y bailarina, hasta símbolo erótico.



Los madrileños pudieron ver en diciembre de 1947 el estreno de la película que llegaba a nuestra ciudad con gran fama. La iglesia católica la consideró un escándalo y gravemente peligrosa. Todos los españoles pensaban que la actriz realizaba un striptease y que aquí la habían cortado los censores y sólo se veía la escena en la que se quitaba el famoso guante. Parece ser que a los hombres les parecía normal eso de dar un bofetón a una mujer tan exuberante.



Como no entendía muy bien lo que le contó su abuela, cuando creció y pudo ver la película en vídeo y se dio cuenta que era una historia bastante movidita, donde Glenn Ford es amante de Gilda y su marido desaparece.


Con ese guante se volvió fetichista. Quería unos guantes iguales y hacer lo mismo con ellos: “Quitárselos muy lentamente”.


Ese era su sueño: unos guantes negros como los de Gilda.



Le costó encontrarlos, estuvo varios días buscándolos. Cuando los vio en una tienda de la Gran Vía de Madrid, bajando desde Callao a Plaza España, no lo dudó ni un segundo. Eran los mismos que usó Rita y no tuvo más remedio que entrar y comprarlos. Se los habían puesto a un maniquí con un vestido largo de noche y negro y una peluca pelirroja. Como la actriz. Parecía increíble, pero al fin los encontró. Eran sedosos, largos y negros. ¡Maravillosos! Tal y como los había soñado. Lo que necesitaba.



No se lo podía creer, pero por fin los tenía en sus manos. No paraba de tocarlos todo el rato. ¡Qué suaves son! ¡Qué largos! Perfectos para mí. Le llegaban casi al codo. No podía esperar a llegar a casa y se los puso.



¡Qué sensación más increíble! Se sentía flotar y mayor, de repente.



Ahora entendía por qué al quitarse los guantes, ella bailara y lo moviera. Te hacían sentir poderosa. Que se podía dominar todo si los llevabas puestos. En su retina todavía se podía ver como bailaba y se iba acercando al espectador con esa mirada felina, con esa melena pelirroja larga y suelta y toda su figura inmensa.



¡Preciosa imagen!



Por la noche, en casa, se preparó para salir al escenario vestido de esa forma para su actuación en el cabaret de Latina. Y consiguió muchos aplausos. Él creía que su éxito se había terminado, pero cuando se puso esos guantes se dio cuenta que así no habría nadie que le hiciera daño, que todo por lo que había sufrido se había esfumado y su padre nunca más le volvería a tocar y solamente conseguiría el respeto de su público innovando y preparándose para sacar lo mejor de su repertorio.


Vestido de Gilda, cosechó grandes éxitos y viajó mucho por toda España. En esa España que no respetaba las ansias de volar de las personas con grandes miras a las estrellas.


Un día, cuando iban por la carretera para su próxima actuación, un camión se cruzó con ellos y murieron en el acto. Los guantes saltaron por los aires mezclados con los rollos de bobina que llevaban: era la película de Gilda.


Así todo se acabó: El sueño de Gilda se fue para siempre en la memoria.

2 comentarios

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Olga
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23 de abril de 2016 a las 10:05 delete

Pobrecito, cuando consigue su sueño lo arrolla un camión... Aunque no se puede quejar, porque lo consiguió

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José Luis
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2 de mayo de 2016 a las 2:45 delete

Me ha gustado mucho, te recomiendo que vigiles un poco los pronombres (me parece que en ocasiones te lías un poco entre "el" y "yo".
Continúa escribiendo. Te seguiré.
José Luis.

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