Esta soy yo, delante del espejo. Veo que me visten y peinan
mi larga cabellera. Después de un largo y relajante baño de sales, salí y me
secaron, me trajeron las ropas limpias y terminaron por preparar mi peinado en
grandes bucles y decorarlo con horquillas de colores. Es todo lo que ocurre
siempre, cada dos semanas ocurre igual. Esa es mi rutina. Me bañan, me secan,
me visten y me peinan; para que después me admiren los demás.
No sé porque lo hacen. Veo que me han salido escamas; creo
que debe ser por estar cada dos semanas dentro del agua. Me frotan mucho y me
dejan allí unas horas, hasta que creen que es el momento de secarme.
Menos mal que por las noches me dejan sola. Y puedo ver las
estrellas desde la ventana y la chimenea está casi siempre con troncos y el
fuego calienta toda la habitación. Me envuelvo en las pieles que encuentro en
la cama y las sábanas son suaves, no tienen nudos ni son tirantes y puedo
descansar después de un largo día en el que me admiran y me exponen para ser
una estatua o una figura de cera. No les
entiendo; intento comunicarme con ellos, pero no salen palabras de mi boca; más
bien parecen grititos que les hacen reír y lloro. Una criada me calma y me devuelve
a la habitación donde suelo pasar el resto de los días hasta que otra vez me
bañan y me preparan para mi próxima sesión.
En uno de esos días que me quedo sola, me desnudo frente al
espejo para entender que es lo que me pasa. Soy alta, rubia, más o menos
delgada y los ojos son bonitos, pero se les ve triste y mi boca; ¡uff¡ mi boca,
el labio de abajo parece que se cae. Veo que en las comisuras de los labios se
ven y se marcan pequeños surcos que hacen que mi boca transmita tristeza. Ojalá
entendiera que es lo que me pasa, porqué me tratan así y porque no puedo
hablar. Debo tener un nudo en la garganta. Debo ser rara, encerrada aquí. Pasan
los días y me parece que tardan en venir a buscarme, pero sin embargo, está la
tina preparada con agua de sales aromáticas; pero no es clara, se ve que tiene
algún color como blanco. Me parece que esta vez han debido hechar algo de
leche; además de las plantas aromáticas que suelen traer del campo que está
cerca del castillo donde vivo. Yo veo a las criadas que bajan y traen cestos
con flores de diferentes colores, que las deshojan y ponen los pétalos dentro
del agua para poder limpiarme y hacer que huela bien. Los invitados suelen
estar alegres cada vez que se acercan a mí y quieren tocar mi cuerpo, pero no
les dejan.
En esa mañana en la que veía que no venían a prepararme,
decidí meterme dentro de la tina y estuve un rato hasta que me cansé de estar
allí; además el agua empezaba a enfriarse. Salí, me sequé cerca de la chimenea
y cuando ya estaba casi seca, empecé a tocarme y me pareció que no era la de
antes, me parecía que me faltaba algo. Yo tenía algo en el pecho en forma de
fruta y al acercarme a los muslos encontré una cosa que no era lo que yo solía
tener. Era más bien algo que se alargaba y que me daba una sensación extraña al
tocarla. Creo que eso de bañarse solo no era tan bueno como yo pensaba. De ser
algo bonito, suave y agradable de ver y oler; me convertí en algo que tenía
pelo por todos lados y que ya nunca sería adorado ni respetado por los
habitantes del castillo. De una simple princesita, me convertí de tanto baño en
un ser rudo y fuerte que solo servía para salir a los campos y las batallas a
las que me mandaba, mi dueño y señor El Rey, que era mi padre sin que yo lo
supiera,. Habían decidido cambiar mi destino más o menos silencioso y
tranquilo, a uno más salvaje para poder proteger al pueblo de unos salvajes que
querían invadir y destrozar la vida tranquila en la que habíamos vivido desde
hacía ya varios años. Así fue que al principio era suave y serena y después
rudo y fuerte, para que de esa manera no tener que casarme con algún otro señor
feudal que abusaría de mí a su manera o que la suerte, era que yo me
convirtiera en alguien importante que salvaría a su pueblo. Me transformarían
lentamente para salvarme de un destino, quizá más triste. Y ahora yo sería un
hombre fuerte y valiente que protegería a su pueblo de cualquier enemigo salvaje y
viviríamos por siempre jamás en nuestra tranquilidad serena de estos valles del
norte de Irlanda.
TRANQUILIDAD ABSOLUTA
"La blancura de la nieve contrastaba con la negra oscuridad de la noche. Iluminada por la luna llena, se veía el largo camino hacia las casas del pueblo hermoso y templado del amanecer.Poco a poco, el sol entraba cual gato sigiloso, por las ventanas. Despertando a sus habitantes. La vida era tranquila e iba clareando cada rincón muy despacio, para que así diera tiempo a que estos recibieran todos sus rayos luminosos y enérgicos realizando con valentía las labores campestres e ir hacia ellos.
Las mujeres muy despacio, se iban deslizando hacia los lavaderos charlando animadamente sobre las nuevas que iba trayendo el viento del este y que después se iban diluyendo y aumentando según el ritmo del agua, que aclaraba y sacudía la ropa que venía casi toda ella de la Casona, donde La Señora hacía y deshacía a su antojo. Mandando construir o no, cualquier novedad que trajeran de la gran ciudad.
Qué si estaba de moda tener una pista de frontón, ella la encargaba y la tenía. Qué si la novedad era tener un salón de baile en un parque y que éste palacete fuera de cristal, pues lo mandaba construir y celebrar por todo lo alto un gran baile. Qué si lo más maravilloso era un columpio que llegara hasta el cielo, pues pedía al ebanista que le preparara un gran balancín para poder disfrutar... Dejando a los invitados estupefactos...
Pero, lo más asombroso que pudo mandar construir era un gran telescopio que mandó traer del Sur de Alemania, donde en aquella época, era la zona más rica de todo Baviera. Y donde los más prestigiosos astrólogos estudiaban, sobre todo por la noche, los movimientos de las estrellas y la Vía Láctea que les tenía fascinados y aterrorizados a la vez; ya, que según contaban algunas historias antiguas, que de una de esas estrellas vino hace muchos años un ser extraño, azul y casi transparente que les hablaba de otros seres que traerían inventos especiales para poder arar los campos sin casi esfuerzo y que les haría la vida más fácil de la que tenían ahora."
Así vivían de esa manera tan tranquila y despejada, sin ningún ánimo de cambiar lo que habían conseguido durante décadas. Esa era su vida ideal, tranquila y lejana de la gran ciudad. A la que tenían mucho miedo de conocer ya que les devolvería a su mísera vida cotidiana de trabajos duros y forzados en los campos de algodón de los que escaparan hace más de miles de años."
MENSAJES AMARILLOS
MENSAJES AMARILLOS
¿Quién es este? Él de la foto. Se le ve como pensativo, como
ausente, con esa mirada hacia ningún lado. Fumando lánguidamente en esa postura
y con ese abrigo gris y esa pajarita y ese traje a rayas.
Pues no lo sé. Me encontré esta foto entre los papeles de mi
abuela. No sé quién es; pero creo que fue un admirador de ella que la mandaba
flores o cartas de amor y que siempre iban acompañadas de ese olor a narcisos
blancos y amarillos. Yo creo que con esas flores se enviaban mensajes secretos
sin que mi bisabuelo se enterase de lo que escribían.
Debe ser bonito que te manden flores con un mensaje y que
nadie se entere de lo que os contáis.
¿Sabes una cosa? El narciso es una flor espectacular. Florece
a finales del invierno y suele ser amarilla, aunque también las hay blancas y
anaranjadas.
Me parece muy romántico que te manden un ramo de flores. Las
amarillas son bonitas, son las que más me gustan a mí. Es un color brillante,
alegre y que estimula la memoria. Creo que evoca el verano y del sol, con lo
cual, cuando se está triste o se añora el verano, su presencia, puede ayudar a
levantar el ánimo.
Sí, creo que tienes razón. A lo mejor por eso le enviaba
flores de color amarillo. Sería por lo que le pasó a mi abuelo que murió en la
guerra y ella que estaba casi siempre encerrada en la casa, fue empezar a
recibir estas flores que de pronto también floreció a la vida, que esperaba con
ansiedad su llegada y el significado de cada ramo que siempre llegaban a
pricipio de enero con las primeras nevadas y el sol empezaba calentar un poco
más. Como si su sola presencia la llevaran a recordar imágenes que la alegraran
esos días de frio invernal. Era muy solitaria. Sus pensamientos los guardaba y
callaba mucho porque no sabía actuar de otra manera. Así era mi abuela,
silenciosa, callada y tranquila.
Seguro que tuvo algo en su pasado que la hizo convertirse en
esa persona de la que tanto cariño tienes/Con la que tanto cariño hablas.
Para mí, era impresionante. La quería mucho, me hacía muy
feliz verla en la casa donde nació. Aprendió muchas cosas ella sola, era hija
única y le dieron una educación refinada y elegante para una señorita. “La Hija de un simple comerciante” que
la tenía casi encerrada; pero a la que enseñó y educó con institutrices que le
dieron/aportaron grandes conocimientos de arte, historia, geografía, danza y
piano, para poder buscarla un pretendiente adecuado a su nivel o rango. Mi bisabuelo,
preparó una gran fiesta para presentarla en sociedad y la vistió para la
ocasión con un vestido de color azul cielo y tirabuzones que rodeaban su
pequeña cabeza. Era la atracción de esa noche, con esos bucles rubios y su
vestido, recién traído de París, para causar gran sensación entre los
invitados, sobre todo los masculinos. Y entre uno de ellos, apareció mi abuelo,
con el que la casaron casi a los tres meses de noviazgo. En lo que parecía algo
feliz y maravilloso, estalló la guerra que se llevó a muchos hombres y mi
abuela quedó sola en la casa sin más compañía que sus recuerdos de infancia y
su poca habilidad como ama de casa que la llevó a vender algunos muebles que ya
no quería ni le hacían falta. De su marido sabía poco, la verdad. Salvo alguna
carta suelta que le llegaba del frente .
Hasta que /Y un día de domingo, apareció en la puerta de su
casa un soldado que traía una carta y una caja con las pertenecías de su
marido, que parece, murió intentando salvar a otro compañero y allí mismo cayó
en los brazos de este mensajero que al poco tiempo fue el que la empezaría a
mandar narcisos para que no olvidara que él era en realidad el que se tenía que
haber quedado con ella para siempre.
"NO HAY NADA MÁS"
NO HAY NADA MÁS
Como siempre
no hacía más que olvidarse de las cosas. Iba rápido a todas partes, no
paraba. A lo mejor era eso. Que creía
que había encontrado por fin un grupo de amigos con los que poder salir y
quedar, e ir de bares por el barrio o al cine y desconectar un poco de la vida
rutinaria que se había creado sin darse cuenta. Que tal vez podía haber hecho
algo mejor con su vida; o eso creía o se decía a sí mismo. Que había vuelto a
fallar con sus amistades. Pero no tiene que ser siempre así. Todos cometemos
errores. No tiene que ser siempre él, el que falle o quizá ponía demasiadas
esperanzas al empezar una nueva amistad.
Pero esto no
podía ser, se tendrá que hacer de otra manera.
Pensaba: "Voy a tener que poner un poco de distancia, tomarme tiempo para dedicarme a mí de una vez. Empezar de nuevo, como siempre. Parecía un Ave Fénix
que resurgía de sus cenizas una y otra vez". ¡Qué vida esta!, la del pobre
vigilante de seguridad qué está de sol a sol o mejor de 07.00 a 19.00 en una
garita pasando frío o calor, según la época.
Así es que
esto no tiene mucho sentido, la verdad. Se levanta, desayuna, va al curro hasta
las 19.00 h y otra vez a casa: ”Me parece que tengo que hablar con
alguien que me pueda aconsejar; porque
esto de hablar solo con la pared no es normal. Aunque me ponga la radio, nada,
no hay manera siempre igual: “Trabajar-Comer-Dormir”. Vaya verbos más duros de
pronunciar. No me parece lo más adecuado. Me faltan otros verbos.
Voy a tener que pedir hora en el ambulatorio: Me parece que me estoy exigiendo
demasiado a mí. O que a lo mejor me están presionando otros y me está afectando
en todo”. Pensaba mientras hacía las
rondas en la oficina donde trabajaba esa noche.
Se apuntó en
una página de actividades para hacer senderismo, excursiones, visitar museos o
asistir a conferencias sobre arte, teatro e historia y empezó a ver más cosas.
A apreciarlas, a encontrar sentido a las cosas. A ¿Todo? ¿Quizás? O ¿se estaba
imaginando que ya era un ser normal al que la suerte le iba a sonreír?
Allí tumbado
sobre la camilla sólo veía luces fosforescentes que le radiaban por todo el
cuerpo y personal médico con batas blancas, con mascarillas y guantes que no
hacían más que manipularle por todo el cuerpo a través de una cabina de
cristal. Mientras, él estaba quieto, sentía que los ojos se le enrojecían y le
caían pequeñas gotas de sudor por la frente, pero no podía mover las manos. Las
sentía duras y rígidas. No notaba nada en todo el cuerpo, sólo las pequeñas
gotitas que corrían hacia la cara. ¡Qué sensación más extraña! Su mente iba de
un pensamiento a otro rápidamente. Sólo oía voces, aunque no entendiera nada.
Hablaban en otro idioma más duro, más fuerte.
Le pinchaban para sacarle sangre o mirarle las pupilas de los ojos, pero
nada, no era capaz de levantarse. Debían de haberle puesto algún tipo de
narcótico o somnífero por que no recordaba nada de nada. De cómo había podido
llegar a esta sala tan iluminada. Seguro que era de alguna de esas quedadas con
la gente nueva del grupo de senderismo. De pronto recordó que era de noche, que
estaban frente a una hoguera contando historias y bebiendo y que a lo mejor
dentro de la bebida había algo que le había adormilado para después aparecer
allí, metido en esa cápsula de cristal. Sin poder ver por la cantidad de luz
que le envolvía.
Seguro que
era eso. Pensó. Que le habían dado algo para después realizarle algún tipo de
pruebas para sacarle algo del cerebro; ya que tenía la cabeza dentro de un
casco y este estaba conectado a un aparato que le iba sustrayendo todos sus
pensamientos buenos o malos, para poder vaciarle la cabeza y llenarle de otras
ideas que le harían volverse más loco de lo que estaba. Simplemente, estaba en
esa sala para que hicieran con él lo que quisieran y después dejarle totalmente
atontado y confesar de cualquier manera, que él era el verdadero Doctor Frankenstein.
Creador de vida, gracias a los rayos de la gran tormenta que asoló toda la
provincia y les dejó sin luz.
Ese era él:
Frankenstein.
UN AÑO
UN AÑO
¿Qué es un año? Un
año no es nada y, sin embargo, la engañé. Si la engañé con una compañera del
curro que me ponía la carne de gallina cada vez que la besaba. Yo la perseguía
por las plantas de la oficina, la rondaba, intentaba coincidir en la cafetería
con ella y cambiaba mi turno para verla salir.
Sí. Y la veía en la
puerta y me dio su teléfono y la escribía y la llamaba y la besaba en cada
esquina antes de llegar al trabajo. No sabía qué me estaba pasando por la piel,
la olía, la veía, la soñaba y empecé a quererla.
A lo sumo lo único que conseguí fue que se volviera loca, que se quedara
sin curro y que no la volviera a ver. Incluso empecé a despreciarla, a tratarla
mal porque ella, sin saberlo, creó en mi la idea de que la había utilizado para
que el recuerdo de mi mujer volviera aún más nítido a mi cerebro y que
prefiriera dejarla por WhatsApp para no volver a dar la cara y la dejara
abandonada a su suerte y mientras, yo, la dejé de llamar después de mucho
tiempo.
Pero era ella ahora
la que insistía. La que iba a verme y buscarme y yo, cada vez la trataba peor. Si
que era un “gallina”, no por lo que me producía en la piel; sino por haberla
utilizado creyendo que así se me pasaría el enfado que me daba mi mujer porque
no quería ponerse a trabajar.
Sí. La dejé por
WhatsApp escribiendo que mi mujer me adoraba y que yo la quería, ¿Qué clase de
ser es tan ruin y tan gallina? Solo yo. El que provocó que las dos me dejaran
cual perro abandonado y a mí me diera por beber y beber y aparecer muerto en el
río sin un duro y simplemente un pequeño mensaje en el WhatsApp, diciendo: “Perdóname,
gracias por todo”.
NOCHES DE PRIMAVERA
NOCHES DE PRIMAVERA
Todas las primaveras, Roberto y Lucrecia paseaban cerca del
río. Los días anteriores había llovido bastante y el río rebosaba lo suficiente
como para poder regar todos los campos de la zona. El paisaje era verde. Éste
año brillaba más, gracias a los rayos de sol que se filtraban entre las hojas
de los grandes árboles que rodeaban la casa de su abuela.
Se cogieron de la mano como cuando eran pequeños para no
resbalar y evitar caer al agua. Llevaban vaqueros, camisetas y ella unas
sandalias. Hablaban de lo lejos que parecían esos días de infancia y, sin
embargo, ya empezaban a fumar un poco a escondidas y escuchar música de esas
que su abuela llamaba “Infernales”.
Eso de que las chicas se cortaran el pelo y andaran solas por las calles le
parecía lo peor del mundo. No entendía que llevaran pantalones: “Que es cosa de hombres y una señorita no
podía de ninguna manera ir por la calle así vestida y con los labios rojos
carmesí”; decía su abuela cada vez que la veía salir así de la casa.
“Ésta niña nunca
aprenderá modales de ninguna manera”. Pensaba en sus adentros. Pero no
había manera de que se comportara como “Una
verdadera señorita”. ¡Qué de seguro nos traerá alguna desgracia a esta
familia”.
Lucrecia no hacía caso de los consejos de su abuela; que ya
había sufrido por la pérdida de la muerte de su madre hacía unos años atrás y
la tuvieron que sacar del internado para que quedara bajo la atenta mirada de
la abuela. Y ese chico con el que estaba, el hijo del panadero, era la culpa de
tan rebelde nieta. Ese que le traía revistas modernas de la ciudad donde salían
modelos con el pelo corto, estrellas fumando y en pantalones. ¡Vaya
desfachatez! Y esos discos de vinillo con esa música tan estridente que no la
dejaba descansar. “¡Será sinvergüenza!
Como le vea por la casa, saco mi pistola de fogueo y disparo hasta que le
alcance y se aleje de aquí. Voy a tener que poner más vigilancia a esta niña
tan desobediente”. Pensaba para sus adentros la abuela.
Mientras, Lucrecia, sin hacer caso entraba y salía de la
casa sin que la vieran por la ventana de su cuarto y, abajo Roberto la esperaba
en su Harley para poder llevarla a esos sitios tan atestados de chicos y chicas
igual que ellos. Para bailar, fumar y desaparecer un poco de la realidad en la
que les tenían encerrados. El padre de Roberto era viudo, se levantaba muy
temprano para poder tener lista la tienda y llevar el pan recién hecho para
poder venderlo después.
“NUNCA PENSÓ EN SER PADRE, PERO AL CABO DE DOS AÑOS, ELLA SE QUEDÓ
EMBARAZADA”.
Le sorprendió tanto que no se lo podía creer. Se habían casado
hacía más de 10 años y como no sucedía, ya se le olvidó la posibilidad de
serlo. Ya tenía 42 años y no era una de esas cosas con las que contara. Su
mujer tuvo un parto largo y doloroso. El niño pesó unos 4 kilos y era muy largo
con la pelusilla en la cabeza. Era tan grande que la mujer tardó mucho en
recuperarse y nunca más quiso tener otro. Roberto crecía rápido, aprendió
pronto a ayudar a su padre en la panadería y a llevar el pan a las casas del
pueblo. Como había que ir andando a todos los lados, con las propinas que le
daban y la ayuda de su padre pudo aprender a conducir una moto pequeña y ya,
más adelante, se compró la Harley.
Esa preciosidad con la que empezó a ver el mundo de otra manera
y a visitar otros pueblos y conocer la música que haría que se enamorara de
Lucrecia a la que veía en primavera y la llevó al río, donde en una de esas
noches de luna llena y cielo estrellado la llevó literalmente al cielo y a ver
las estrellas, ya que en pequeño libro que había encontrado en el trastero empezó
a estudiar las estrellas y a interesarse más por ellas que en ayudar a su
padre. En esas noches de primavera, la fue enamorando y convenciendo para que
apreciara la música que le traía y también a fumar. Cosa que traería más de un problema en la vida
de Lucrecia, que soñaba con escaparse con él, recorrer el mundo en moto para
poder ver y sentir su mundo.
Terminando sus días en un bar de carretera sola, borracha y
fumando en alguno de esos cuartuchos llenos de babosos que la sobarían hasta el
fin de sus días. Muerta y asqueada de la vida que le había proporcionado “Su Querido y Amado Roberto”.
EMILIO Y BELLA
CALLE DEL ENGAÑO, 13
CAPÍTULO X
Tanto Emilio como el portero, intentaban dar sentido a sus vidas. Uno porque ansiaba desesperadamente sentir y encontrar algo bonito y el otro, porque no entendía de ninguna manera, como era posible haberse casado con semejante belleza.
El portero se acomodaba a su vida de casado, pero siempre con la mosca tras la oreja oteando algún posible enemigo y Emilio, con las dudas que le habían provocado grandes indecisiones; debido a que su madre, siendo viuda, no hacía más que inmiscuirse tanto en lo profesional como en lo sentimental:
"Que si ese trabajo no era adecuado para él, que si esa chica era demasiado descarada con esos escotes y así asi...".
No tenía las ideas claras para ser valiente y hacer todo lo posible para ser feliz.
Paseando por la calle, leyó en un anuncio esta frase: "Si no arriesgas, no ganas". Pero esa era la cuestión. ¿Qué pretendía? ¿Destrozar un matrimonio de unos 12 años?, ó, ¿Dejar pasar la oportunidad de ser feliz por esas ideas tan religiosas y arcaicas que le habían enseñado en las clases de catequesis?
Menudo marrón mental tenía en la cabeza. Lo único que de verdad sabía y sentía, era, que siempre que olía el perfume de su cuerpo por toda la escalera, ese simple momento, era lo suficientemente fuerte para que la cabeza le diera vueltas sin parar y que sus instintos de hombre se revelaran a flor de piel.
El marido de Bella, ignorante de todo esto. Sólo sentía rebullir en sus venas, cada vez que Emilio se arrimaba a su esposa. Era insoportable. Se callaba, se comía la cabeza entrándole dudas de su matrimonio. Ese que se celebró por todo lo alto en su barrio sevillano y que aun recordaba con gran placer.
Los dos hombres durmieron por noche, cada uno en su cama, rodeados de oscuridad y secretos.
CALLE DEL ENGAÑO, 13
CAPITULO
IX
Lleno del olor de Bella por todos sus poros, pudo
soltarlas y Julita cayó al suelo sin hacerse daño. Corrió hacia su padre y con
la cabeza gacha empezó a tartamudear por el susto que se había llevado por
intentar coger al gato negro de la vecina.
Le quería decir que el gato subió al tejado y se quedó
atrapado; pero no la dejó continuar hablar, más bien la ignoraba como hacía la
mayoría de las veces. Para él, Julita era poca cosa, ni le servía ni le
interesaba estaba allí, con ellos por estar. Nunca se había preocupado de ella.
Cuando Bella, le dijo que estaba embarazada, casi que no le dio importancia.
Era como si otra parte del cuerpo de su mujer creciera por propia inercia, como
si él no hubiera participado en dicha creación.
Al verlos allí abrazados y juntos, se le removieron las
tripas de angustia. Siempre le dijeron que no era digno de tan gran belleza;
pero, sin embargo, se casó con ella por todo lo alto en su barrio sevillano y
el nacimiento de su hija, le dio por entender que de todas maneras nunca
estarían solos y que la niña heredaría todas sus perversiones, pero nunca la
gracia de su madre.
Un Recuerdo del Pasado
Un recuerdo del pasado
Pasaron las horas y María veía como se iba oscureciendo la tarde.
No paraba de dar vueltas y vueltas en la
habitación mirando su reloj de pulsera sin parar. Fue solo un momento y de pronto
los niños no estaban. Salió al coche para entrar las bolsas de la compra y los
vio al lado de la vaya en la que estaban los caballos encerrados y al dejar las
bolsas en la cocina se giró y ya no estaban.
Se le ocurrió que a lo mejor se habían ido al río con el perro a cazar saltamontes y no le dio la menor importancia hasta que empezaron a pasar las horas y no venían para cenar. Llamó a su primo que trabajaba en comisaría para que le ayudara; pero en ese momento no estaba y dejó un recado; casi media hora después llegó un agente para que le contara lo ocurrido.
Se sentaron frente a la chimenea y tomaron un té para que entraran en calor y poder así charlar tranquilamente; pero María estaba cada vez más inquieta por que sus sobrinos no regresaban.
En ese momento se oyó el ruido de un 4x4 en el que llegaba su primo. Los dos se levantaron y se asomaron a la ventana para ver como llegaba a la puerta y le abrían. Su primo se había enterado por que una de sus compañeras le llamó desde la central al walkie.
Como venía con otro hombre salieron los cuatro con las linternas y se dirigieron hacia las vayas, allí vieron que estaban rotas y que los caballos no estaban. Siguieron el rastro que los caballos habían dejado y que llegaban hasta el río.
Al llegar al río, se veían las huellas de los caballos un poco borrosas por la arena y la oscuridad se cernía sobre ellos.
Con lo cual era difícil seguir las huellas.
Como la noche era cerrada, decidieron montar un pequeño campamento a base de una hoguera, unas cuantas mantas, café, galletas (cosas que tenían en el 4x4) y turnos de guardia.
Mientras, los chicos seguidos por su perro, pudieron alcanzar a los caballos que habían cruzado el río y los habían podido reunir. Pero no sabían volver a la casa. Les parecía que el pueblo estaba muy lejos y además estaban cansados.
La niña tenía mucho miedo y tiritaba de frío; se arrimaba a su hermano mayor que no sabía a donde dirigirse. Por lo menos habían conseguido reunir a todos los caballos que estaban tranquilos comiendo hierba; pero los niños tenían hambre y frío.
Tendrían que tomar una decisión: Buscar una carretera y pedir ayuda o quedarse cerca de las montañas con los caballos.
El hermano mayor se sentó sobre una roca y miró al cielo mientras su perro Koque se quedaba a su lado y dejaba que le acariciara el hocico. Los otros dos hermanos le miraban sin saber que hacer, también se sentaron y gracias a un pequeño mechero que tenían pudieron encender una hoguera que los mantuvo calientes y tranquilos.
Como estaban todos muy cansados, se quedaron dormidos hasta el amanecer y así les encontraron.
Por lo que explicaron los chicos después, intentaron sacar a los animales, pero uno de ellos se puso furioso y con las patas rompió las vayas, de ese modo los demás escaparon y los chicos fueron tras ellos para intentar alcanzarlos pero no pudieron y se fueron corriendo asustados y gracias al perro
que los alcanzó pudo
controlar a los caballos y así los encontraron cerca de las montañas.
Esa foto recuerda a los primos Daniela,
Nico y Guille cuando se fueron a pasar un fin de semana con sus tios y su perro
Koque. En el reverso de la foto se puede leer:
“Ese fue el día en que Koque nos salvó de
los caballos”.
IRÓNICO
IRÓNICO
Con tan sólo 35 años, decidió taparse la cara con un
velo negro y ponerse un sombrero en la cabeza. Los que la acompañaban creían
que era por el sol, para evitar rojeces en su piel tan marfilada. Lo que quería, más bien, era que la dejaran de molestar los periodistas.
Fue una decisión difícil. Tan alta, tan llamativa,
con esa larga melena rubia que tardaban horas y horas en peinar. Fue la
comidilla de toda la región, la envidia. Bien parecida y agraciada, aunque ese
debiera haber sido su destino. Ella, que creció fuera de la gran ciudad y de la
corte, retirada de todo protocolo posible, nunca imaginó que su vida cambiaría
cuando acompañó a su madre y hermana Elena para conocer al futuro emperador. Eran
primos hermanos y Elena, la elegida para ser la emperatriz, pero el destino,
a veces se encapricha de seres alados que no están atados a lazos terrenales. Es
más bien caprichoso, se enamora de seres etéreos que luego sufren más duramente
que otros.
No se sabe por qué el emperador se quedó hechizado por aquel
ser que volaba y volaba de una habitación a otra. Era libre y quizá por eso se
enamoró de ella. La verdad que no estaba preparada para lo que le deparaba el
futuro. La boda fue espléndida en los grandes palacios y se publicaron fotos de
los recién casados en todos los periódicos del país, llegando a todas las cortes europeas.
Su viaje de bodas, fue en un gran barco por toda la región, para que los súbditos apreciaran lo que
parecía el cuento de hadas del siglo XIX, la espectacular belleza de su reina,
su melena impresionante y las joyas prestadas por su suegra Sofía.
Todo lo que la rodeaba le parecía precioso y el inicio de su
matrimonio prometía. Bailes, vals, viajes en barco y calesa. Lo que al
principio parecía la boda del siglo, poco a poco se fue deteriorando por el
estricto protocolo y la severidad de las normas de su suegra. Quedó pronto
embarazada y en un viaje a Hungría murió su primera hija, cosa que ya provocó
discusiones con su suegra y la decisión de que la siguiente criatura estuviera
bajo la severa supervisión de ella, que no permitiría que Isabel se acercara a la
niña. Así empezó el primero de los distanciamientos que seguirían a lo largo de
todos sus años de matrimonio. Después de estos desacuerdos, empezó a caminar
unas ocho horas diarias por los parques de palacio, sus camareras y azafatas no
podían seguir el ritmo frenético de tan atlética mujer, que era capaz de montar
a caballo horas y horas sin parar, de pasear por las cortes europeas acompañada
de papagayos de varios y diversos colores y sus grandes perros, provocando
destrozos en las cortinas de los salones de la Reina Victoria. Lo que hizo que
el protocolo se volviera más y más desastroso; cada vez que se le ocurría hacer
algún tipo de visita a sus familiares.
Ella, que añoraba la tranquilidad de su infancia, donde paseaba
descalza por los jardines y la casa de campo de su padre Max, se escapaba a la
playa en cuanto podía con una de sus azafatas favoritas para poder salir del
encorsetado palacio imperial de Viena. Huía
y volaba, como la primera vez que la vio su primo y esposo Francisco José,
seducido por el esplendor de esos grandes ojos negros que inundaban la
habitación y le llevaron a descubrir los grandes misterios de la humanidad.
Dejándose hipnotizar por el vértigo provocado solamente al mirarla. Le adsorbía la profundidad que emanaban y le hipnotizaron desde el primer momento que la vio. Era su sueño, se dejó seducir y convencer para que ella reinara en su corazón, aunque no es las salas destinadas a su descanso/reposo.
En una de esas furiosas discusiones sobre la educación de su hijo Rodolfo y tras el fallecimiento de este, en circunstancias un tanto delicadas, decidió salir o mejor dicho escapar del protocolo y del escenario de la historia paseando sus tristezas cerca de la playa, donde en uno de esos paseos encontró la muerte sin buscarla por uno de esos anarquistas que le clavó un estilete que la hizo desangrase poco a poco para que aún le diera tiempo a ver, pensar o darse cuenta que hasta la propia vida no la dejaba volar a su antojo.
Dejándose hipnotizar por el vértigo provocado solamente al mirarla. Le adsorbía la profundidad que emanaban y le hipnotizaron desde el primer momento que la vio. Era su sueño, se dejó seducir y convencer para que ella reinara en su corazón, aunque no es las salas destinadas a su descanso/reposo.
En una de esas furiosas discusiones sobre la educación de su hijo Rodolfo y tras el fallecimiento de este, en circunstancias un tanto delicadas, decidió salir o mejor dicho escapar del protocolo y del escenario de la historia paseando sus tristezas cerca de la playa, donde en uno de esos paseos encontró la muerte sin buscarla por uno de esos anarquistas que le clavó un estilete que la hizo desangrase poco a poco para que aún le diera tiempo a ver, pensar o darse cuenta que hasta la propia vida no la dejaba volar a su antojo.
Murió discretamente, que era lo único que quería, pero su
recuerdo sigue (aún) presente en las personas que la conocieron y la lloraron
amargamente. Pobre emperatriz Isabel que nunca quiso serlo, sino una simple campesina
rodeada de loros y perros, paseando por el campo sin otra ocupación más
importante que ver el atardecer, sentada bajo un árbol y acariciar a su gran
danés que la acompañaría hasta el final de sus viajes.
ULTIMO
La madre expiró. Dio el último empujón y cayó muerta en la
cama toda manchada de sangre después de doce horas de parto. La comadrona
consiguió sacar un hermoso niño de casi 4 kilos, amoratado de tanto tiempo y por
el efecto de permanecer tantas horas dentro del útero. Lo limpió, lo lavó y le
dio cinco o seis azotes hasta que el
niño gritó todo lo fuerte que pudo o supo. Tenía los ojos cerrados, le costaba
respirar y la luz de la habitación le molestaba, huía de ella. Limpiándole la
boca, acercó un paño mojado de agua para que empezara a chupar, ya que tantas
horas le habían dejado con la boca seca. Mientras, las vecinas, aseaban a la
madre recién muerta y aireaban la habitación.
Al terminar, llevaron al niño al cuarto de al lado, donde un
hombre con barba, fumando en pipa, estaba sentado cerca de la chimenea. Al oír
los ruidos de la puerta, giró su cabeza y vio como la matrona le entregaba un
fardo blanco con las manchas de sangre de su mujer; pero, no hizo mucho caso.
Quería saber si era niño o niña y los ojos de la mujer le comunicaron que era un niño perfecto pero
que su mujer había muerto. Cosa que no le sorprendió, ya que siempre pensó que
su mujer era demasiado flacucha para poder tener hijos. Se casaron por que el
padre de ella, fue un antiguo compañero de guerra y le había prometido que se
encargaría de ella en caso de que este faltara.
Fue una ceremonia sencilla, en la iglesia del pequeño pueblo
en el que vivían. La novia, llevaba un vestido gris claro, una cinta marrón en
el pelo, sus botines negros y un pequeño ramo de flores. No tenía para nada
más. Él, iba vestido con unos pantalones negros, su camisa blanca y la chaqueta
grande que le había prestado uno de sus vecinos.
Era bastante religioso y para él, los símbolos de la Santa
Madre Iglesia Católica, eran sagrados. Aceptó todos los consejos del párroco y juró frente a ella y el resto de
los invitados, salud, pobreza , riqueza
y Fidelidad.
Cosa que cumplió al pie de la letra. Trabajaba en las faenas
que salían, ayudando a los pescadores, limpiando barcos y su mujer cosiendo
redes. No ganaban mucho pero tenían para vivir. La costa es un lugar peligroso
para poder soñar.
Nunca pensó en ser padre, pero al cabo de dos años se quedó
embarazada. Tuvo sueños o pesadillas en las que una enorme ola les arrastraba
al centro del mar y un pez gigantesco se los tragaba. Siempre despertaba
gritando, con la frente sudorosa, su mujer le abrazaba y le secaba la frente
con el pañuelo blanco. Le besaba y le calmaba, no es que le quisiera, más bien
le había cogido cariño y porque le conocía desde que era pequeña. Se trataban
con cortesía, pero lo que si aprendió, fue a valorar su calor cada noche y a
entregarse a él sin reservas. Nunca la trató mal ni la pegó y pese a su dura
vida, tenía una caricia para ella todas las mañanas al despertarse. El embarazo
la pilló de sorpresa. Al despertar tenía ganas de vomitar y sentía mareos; pero
siempre le preparaba el café antes de que se fuera al puerto. Luego ella seguía
arreglando la casa y enseguida se ponía a coser las redes, las revisaba una a
una y después las llevaba a que se las pagaran.
Durante el trayecto hasta el malecón, saludaba a las vecinas
y dejaba pagado el pan que luego recogería. Se pasaba esos meses así, hasta que
los dolores del parto la dejaron sin fuerzas para realizar tarea alguna. Su
marido se acercaba a ella con cuidado. No sabía que era lo que tenía que hacer.
Angustiado llamó a una vecina que se encargó de avisar a la matrona que llegó
unas dos horas más tarde. Cuando ya estaba en la cama y se le oía gritar por
toda la casa. Le pedían que calentara agua y les diera paños limpios para
atender a la parturienta; pero que se abstuviera de entrar hasta que no hubieran
terminado. Se le hizo largo todo el tiempo que estuvo allí de pie frente a la
chimenea, fumando en su pipa. Tomó algo de sopa que le habían traído y un trago
de whisky. Que le dio fuerzas y le calmó un poco.
Le trajeron al niño al que agarró con fuerza y le miró a los
ojos. Cómo no sabía que nombre ponerle, la matrona dijo que su mujer al dar su
empujó, dijo: “¡Ultimo!” y Último se quedó. Fue creciendo en gracia y porte,
además resaltaba entre los demás niños, intentó que fuera lo más feliz posible
y nunca se sintió desprotegido. Gracias a la existencia de este ser, la vejez
se le hizo mucho más llevadera en los malecones. La vida dura del mar le trajo
toda la felicidad a la que podía aspirar.
Le enseñaba a valerse por sí mismo, a darle fuerzas y seguir
adelante aunque la vida fuera dura. Se fortalecía de los recuerdos y le contaba
historias que le valdrían para hacer frente a lo que vino después. Las cosas se
complicaron y en una de las barcas donde iban a pescar, debido a la gran
tormenta, cayó sobre su padre el mástil que le quebró la pierna derecha y le
hizo estar muchos meses en cama y años después, seguiría con dolores y la
cojera se le fue agravando. Pero, a pesar de los avatares de la vida, pudo
darle todo el cariño necesario y las ganas de emprender una nueva vida fuera
del pueblo, donde siempre fue recordado con cariño y dejó de ser “Último” para siempre. Ya que gracias a
él y la caída del mástil, se pudo saber o poner en conocimiento que todos los
sueños son posibles si ves más allá de ti.
UCAMBIO DE PERSPECTIVA
CAMBIO DE
PERSPECTIVA
Siempre que podía, al salir del trabajo, comía fuera ya que
se había dado cuenta, muy tarde que en su casa solía comer y cenar solo. Que su
madre, estaba siempre enchufada a la televisión y que dormía con ella
encendida. Le daba rabia y no sabía encontrar su camino, se sentía solo y no
recibía cariño de ella. La gente pensaba que era raro. Que no tenía amigos y
que en sus días de vacaciones se quedaba en Madrid, como mucho iba al cine y ya
está. Se sentía solo y sin metas en la vida. Había trabajado en proyectos
interesantes sobre cultura y ahora, por decisiones tomadas en el pasado o porque
pensaba que había elegido otro camino, quizá perdió la esperanza y las
ilusiones. Que se le habían pasado oportunidades y que tenía que valerse por sí
mismo. Buscar algún ancla que le sostuviera para su futuro. Como no podía pagar
el gimnasio, engordó bastante y eso, de llevarla al ambulatorio para que
realizara rehabilitación le quitaba tiempo para estudiar o buscar un trabajo
mejor.
Veía que se le pasaba el tiempo y ahora sí que sí había
llegado al fondo del pozo. Era o quedarse allí para siempre o salir de la mejor
manera posible. En su casa ya no hablaban, no comían ni cenaban juntos sólo
veía una persona sentada sin moverse o jugando con la Tablet.
Estando una tarde sólo viendo un programa de televisión
sobre dos entrenadores que eran profesores de fitness, y que además habían
engordado y que participaban en un concurso de cómo perder peso de manera
saludable, vio el esfuerzo que hacían.
Lo siguió durante
semanas, como hacían ejercicios aeróbicos y de cardio hasta llegar a su peso
ideal y se convirtieron en finalistas y
se llevaban el premio; que era pasar una temporada como monitores del gimnasio en la cadena de televisión en la que
habían participado. Después de esto, se quedó mirando el televisor con los ojos
en blanco y su cerebro le empezó a acelerarse sin parar. Se levantó, se puso a
pasear de un lado para otro del salón, su mente no paraba de pensar.
De momento, lo que
podía hacer en primer lugar era salir a correr por las mañanas aunque fuera
media hora, quitarse su palmera de chocolate de todos los viernes e intentar
relacionarse con los compañeros de su trabajo. Poco a poco se fue sintiendo más
ligero y hasta ya no le dolían las rodillas al subir las escaleras, los
resultados de sus análisis eran cada vez mejor y se quitó también el vino de
las comidas, que era de las pocas cosas que le animaban a seguir adelante. La
vida era un poco más agradable con esos pequeños cambios en su vida. Salía a
pasear y le gustaba la brisa que recorría su pelo y su piel. Le hacían sentir
que flotaba. Se pudo volver a matricular en el gimnasio y a esforzarse más. Se
acordaba de los chicos del programa de televisión y se apuntó a sus clases, donde
veía también los esfuerzos realizados por él mismo. De cómo había perdido casi
23 kilos y se había quedado en 84. En recepción vio un anuncio donde se leía
que se iba a preparar un concurso de halterofilia y que la chica que estaba
allí le animaba para que se apuntara. Hacía pesas y casi siempre estaba en la
sala de musculación. Le pareció una buena idea acudir a dicho concurso. Se
preparaba día a día para poder ganar el concurso, una de las monitoras le
observaba y de tanto acudir allí se pusieron a hablar y en breve comenzaron una
relación bastante estable que le dio sustento y la suficiente autoestima para
poder proponerla vivir juntos y salir de la casa en la que estaba con su madre.
Le valió mucho su ayuda para seguir adelante con la
presentación a dicho concurso. Después de tantos días de trabajo intenso en el
gimnasio y de tanto esfuerzo, quedó finalista. Eso le dio más fuerzas y más
ganas de seguir adelante con lo que suponía mantenerse en forma. Volaba de
felicidad, ya había ganado tres concursos y era conocido en su barrio. Estaba
eufórico y radiante de felicidad. La chica con la que vivía también parecía contenta
con su estado actual. Él consiguió adaptarse al mundo de este deporte tan
elitista, pero sin darse cuenta, poco a poco se fue olvidando de ella. La
dejaba sola muchas veces en casa y se iba con los amigos que había ido
conociendo en el gimnasio y en los concursos. Ya no estaban solos. Siempre
había algo entre medio que los iba separando poco a poco, sin que se diera
cuenta. Marisa entró en un agujero del que no sabía salir. Ella que siempre
estaba a la última en moda deportiva, que era la monitora de spinning y estaba
siempre allí, de pronto, sin darse cuenta o sin saberlo, ella cayó en otro pozo
del que tardaría mucho tiempo en salir.
Como casi no le veía empezó a dejar de cenar, a hacer más
ejercicio que nunca. Mario creía que estaba así de delgada y de pálida por todo
el ejercicio que hacía, pero de lo que él había huído se le volvió contra el
mismo. Ya no tenía espacio para ellos, lo que le enamoró se fue disipando
después de 6 años juntos, ya no hablaban, no cenaban juntos y se mandaban
mensajes al móvil pero su ausencia física les fue alejando más y más, hasta que
un día la encontró en el apartamento tirada en el suelo, desmayada y con un
motón de pastillas alrededor de su cuerpo. La llevaron rápidamente al hospital
donde la realizaron un lavado de estómago y se quedó diez días ingresada en el
hospital donde el psicólogo intentaba entender los motivos a los que le habían
llevado a cometer semejante acto, casi estuvo a punto de morir. Después de
varias sesiones de terapia, explicó que se sentía sola, veía como su marido había
dejado de hablarla en casa y que parecía que lo que más le importaba era
presentarse a los concursos, se sentía desplazada y creía que ya no la quería y
que habían perdido el tiempo para poder estar juntos. Él lloró al saber todo esto.
Había intentado escapar de un agujero en el que se sentía mal, para crear otro
en el que creía que estaba a salvo y se había olvidado de lo más importante:
Que si de verdad quieres crear algo bonito en tu vida, tenías que contar con
las personas con las que de verdad estás a gusto. A partir de ese momento,
tomaron las cosas de otra manera. Ella se iba recuperando y pudieron irse unos
días a la playa para desde ese momento comprometerse a estar juntos y también
estar sanos sin necesidad de olvidarse el uno del otro.
"MISTERIOS DE LA NOCHE"
"MISTERIOS DE LA NOCHE"
Hasta creo que de donde yo las observo, huelen bien recién
duchadas. Y por las noches, ellas no saben que estoy allí, en su habitación. Retiro
las sábanas y veo sus cuerpos esculpidos en la oscuridad. No lo saben, pero son
mías de noche. Y además, cuando se quedan acompañadas de sus parejas también
las observo y veo y estudio las formas variadas en las que ellas disfrutan de
su amor, de su postura y aprendo un lenguaje corporal que me transmite más información
que cualquier conversación que se oiga o se mantenga en el comedor del hotel o
de los pasillos por los que deambulo para comprobar que todas son mías sin que
lo sepan.
Es cuando llega una nueva cliente, que me desvivo por ella. La
alago, me encargo de sus maletas, las acompaño al ascensor y en las
habitaciones dejo que disfruten y paseen de una habitación a otra y en la
mesilla de noche suelo dejar fresas y zumo de frutas para que se relajen y lo
tomen recién hecho.
La verdad que no las hago daño. Sólo disfruto al verlas, las
noches son para mí y en las mañanas me recreo con lo vivido la noche anterior. Soy
el vigilante nocturno y velo por su descanso.
A mí me parece que lo notan. Que se sienten seguras porque
alguien las ayuda/guía/son así de confiadas
No lo notan. Están allí porque se sienten seguras.
No veo que tengan pesadillas cuando estoy cerca de ellas. Su
respiración es tranquila. No sé porque usted piensa que hago mal; simplemente
las observo y acaricio su pelo. Puede que a alguna la haya asustado sin darme
cuenta; pero no es mi intención. Sólo quiero verlas y aspirar su olor. No es
para que se enfaden. La verdad que una de ellas, intentó seguirme a mi guarida
y al día siguiente apareció toda manchada de barro y con los ojos en blanco sin
respiración, señalando con el dedo índice hacia la oscuridad. No era raro, me
siguió y vió lo que hacía en la noche; adoraba a la luna llena y bailaba bajo
ella aullando sin parar. Pero eso no creo que sea pecado, bailar o aullar. Es mi
forma de vivir. Salgo sólo en esas noches y de paso me recreo con las pobres
chicas que se aventuran en el bosque y las persigo en una danza sin fin, hasta
que caen exhaustas y las cojo allí mismo para poder saborear sus cuerpos y oír
los latidos de su corazón, que galopa intensamente para de pronto dejar de latir
y yo pueda disfrutar de su último aliento que me da fuerzas para seguir y buscar otra chica valiente que quiera
compartir mi danza nocturna en el bosque.
"Castillos en el Aire"
"CASTILLOS EN EL AIRE"
El paseo a caballo por el campo me despejó un poco la cabeza. Me lo dijo Lady Anna; salí a galope por la finca, no me lo podía creer. Diez meses antes le conocí en la fiesta de compromiso del Príncipe Charles. Allí estaba, vestido con su elegante traje militar, afeitado y alto. El hombre más alto que yo había visto en toda mi vida. Me encantaba su olor, su cara suave, su altura, su forma de besarme y de apretarme contra su enorme cuerpo; y también, lo que me hacía sentir cada vez que me abrazaba y me alzaba en el salón de baile. Me hacía ver las estrellas y el cielo.
Para mí, lo más extraordinario que me había pasado. Todo bien.
Todo perfecto. Todo ideal. La carne de gallina, energía a flor de piel, sueños
premonitorios, mirarnos a los ojos y no hablar, porque nos lo decíamos todo sin
tocarnos. Incluso en las fiestas de la Corte, aunque estuviéramos lejos, nos
olíamos, sabíamos que estábamos allí, sin vernos y de lejos, con los ojos, nos lo
decíamos todo. No hacía falta que escribiéramos cartas, porque estábamos conectados y nos encontraríamos…
No sé lo que me pasaba cuando estaba a su lado.
Era hermético, misterioso, nunca sabía si era real o
imaginario. Mis pensamientos iban rápidos, ¿es verdad lo que siento o sólo
producto de mi imaginación? La noticia me impactó, me entraban náuseas , mareos
y dolor de cabeza; además de inseguridad. Cada vez que le veía hablando con
alguna de las invitadas a las cenas reales, mi cuerpo se tensaba, me entraban
sudores, incluso llegué a llorar y empecé a dormir mal. Sentía celos al verle al lado de las invitadas. Mi tía, con la que vivía,
me observaba sigilosamente, controlaba mis sueños, me oía en las noches. Iba
con las velas a mi habitación para comprobar mi respiración y me velaba. Por las
mañanas, desayunando en el jardín, intentaba sonsacarme alguna cosa o preguntaba
por mis sueños y miraba mis ojeras, para sacar algún tipo de información; pero
yo no hablaba, rehuía su mirada y mis ojos hablaban; pero yo no podía
controlarlos. Como no quería hablar y ella me veía inquieta, solicitó la
presencia del médico de la corte, para que me examinara. Yo estaba en cama,
con el largo camisón blanco sin querer comer ni salir y apenas, sin hablar. Como
vieron que estaba pálida, recomendó que me llevaran a la casa de reposo. Allí me darían aceites esenciales y los paseos por los jardines, relajarían mi
espíritu. Más adelante, conseguirían que pudiera comer y lavarme por mi
cuenta.
Las monjas, hacían su labor, lo mejor posible para que los pacientes fueran poco a poco mejorando. Los baños y los paseos, iban haciendo su efecto, pero la parte emocional, era más difícil de curar. Quizá con el tiempo, volvería a ser la de antes. La que animaba las fiestas, la que compraba las pelucas y los sombreros más extravagantes y tenía los vestidos más atrevidos de toda La Corte.
Las monjas, hacían su labor, lo mejor posible para que los pacientes fueran poco a poco mejorando. Los baños y los paseos, iban haciendo su efecto, pero la parte emocional, era más difícil de curar. Quizá con el tiempo, volvería a ser la de antes. La que animaba las fiestas, la que compraba las pelucas y los sombreros más extravagantes y tenía los vestidos más atrevidos de toda La Corte.
La melancolía se fue instalando muy despacio en todo mi
cuerpo. Los médicos no sabían que hacer; yo me desangraba por dentro, lloraba
y hasta perdí peso. Nadie salvo yo, sabía lo que tenía en mi cabeza. Pensamientos incoherentes e inseguridades, que al final provocaron el peor
incidente de toda mi vida. La carencia de valores y mi incertidumbre, crecieron más
y más en mi interior, cuando se cumplió todo lo que me había dicho Lady Anna:
Morí de amor, sólo que los demás no lo entendieron nunca.
Los miembros de la realeza sabían de su relación con
la princesa alemana con la que estaba comprometido desde hacía más de dos años. Eso me destrozó para siempre, ya no fui la misma. Tardé demasiado en darme cuenta, que todo fue una mentira que destrozó para siempre la confianza en mí.
PALACIO ENCANTADO
En este Palacio Encantado
en el que los Duendes y las Hadas,
Los "Victor" y los "Alfas",
"Los Romeos" y "Las Julietas"
que habitamos estas salas;
compartimos espacio
con magnificas joyas
y ayudamos a todos aquellos
que las gozan".
Buena suerte y buenas noches.
CLEOPATRA´S CLUB
CLEOPATRA´S CLUB
Pues mire, señor. Tenemos aquí cabinas de todos los
colores y para todo tipo de clientes. Nuestros personajes ilustres amenizan
todas las veladas de nuestro famoso club; para celebrar cumpleaños, despedidas
de solteros, pedidas de mano y hasta bodas.
Nos piden de todo. Para poder celebrar cualquier
acontecimiento.
Nuestras azafatas, están muy preparadas y todas son
seleccionadas una a una. Traídas de países exóticos, para el disfrute de nuestra
selecta clientela. Mire, por ejemplo, nuestra famosa Mata Hari. Realiza la
danza de los siete velos en el escenario, después se la puede ver en las
cabinas y si ella quiere, puede disfrutar de una sesión privada, cortesía de la
casa y con champán francés.
Salomé, con su
danza árabe y su bandeja con la Cabeza de San Juan, rellena de vodka con zumo
de naranja recién exprimida. Lucrecia Borja con sus poses y la preparación de
sus famosos licores con un poco de veneno. Pero no se preocupe, que están
homologados por la CEE y su venta está permitida en este país. Es verdad que
los grados de alcohol son un poco altos, pero, entre nosotros, creo que merece
la pena perder un poco la cabeza por una de nuestras “Exóticas y Traviesas Azafatas”. ¿No le parece a usted; Señor
Comisario? Ya le digo que está todo al día, ha venido hasta la Comisión de Sanidad
para la revisión de los licores en el almacén y de la limpieza del local.
Pero no se
preocupe que está todo al día y los recibos pagados. También le garantizo, que “Nuestras maravillosas azafatas” han
pasado un riguroso examen médico y están limpias de drogas; aunque como usted
bien sabe, un poquito de champán no es peligroso para la salud si se toma
moderadamente. ¿Me comprende usted?
Pásese la semana que viene y le presento una nueva “azafata” que viene a pasar “Unos días con nosotros”. Parece que es
de lo más exótico que voy a tener en mi prestigioso salón.
Tenemos también, a Josephine Baker, que es capaz de
realizar un sensual baile exótico mientras lleva su cabeza toda decorada de
frutas diversas. A la vez que nos pueden acompañar varias azafatas entre las
que se encuentran: Isadora Duncan con sus bailes mágicos, Lola Montes que baila
como los ángeles, La Bella Otero que baila y canta de maravilla y Anita
Delgado, que ha sido capaz de escaparse del harén, donde vive con las mujeres
del Sultán y dejarnos un maravilloso olor de incienso y de velas aromáticas por
todo el club, con las que se suele bañar y de paso, observarla en su bañera de
marfil en las cabinas que le he comentado antes.
Ya sabe. Esta es nuestra nueva carta del maravilloso menú
que se ofrece a partir de las 22.00 de la noche en nuestro espectacular club.
Le esperamos gustoso la semana que viene para que disfrute y goce de la mejor
calidad de música y champanes traídos directamente de París.
Una semana después, se anunció por toda la ciudad y con
permiso del Alcalde, un espectáculo curioso donde una de las bailarinas del Cleopatra´s Club, realizaría una
representación ambientada en el Mundo Egipcio. La chica había ensayado bastante
para poder realizar su atracción sin peligro alguno para ella y los
espectadores. Quería emular a la famosa Cleopatra con sus serpientes , además
de realizar danzas árabes mientras las serpientes recorren todo su cuerpo.
Llegó la noche del estreno y la sala se llenó. No cabía
un alfiler; las azafatas vendían tabaco y preparaban sus vestidos para lucirlos
en el escenario y dejar a todos sorprendidos; tanto por la música con por el
movimiento de sus cinturas que parecían no tener fin.
Fue todo un espectáculo. Todo a oscuras, sólo brillaban
las velas de las mesitas y se veía el humo de los puros y los cigarrillos de
los clientes. El telón del escenario estaba aún echado; a lo lejos se oía música suave que iba poco a
poco aumentando su sonido. Y de pronto, se empezó a abrir poco a poco el telón.
En el centro del escenario se veía una bañera transparente en la que se veían
serpientes que se movían muy lentamente dentro del agua y en la esquina apareció
una figura con una capa oscura y cubierta con una capucha. Empezó a bailar
sensualmente, muy despacio, siguiendo el sonido de la música y poco a poco se
fue desprendiendo de la capa. Sólo llevaba un cinturón rodeando
sus caderas y un gran collar de plata con el dibujo de un escorpión. Moviéndose
lentamente, se dirigió a la bañera donde metió uno de sus pies para ir poco a
poco entrando para bañarse y disfrutar de la compañía de sus serpientes. Los
espectadores estaban atónitos, había un gran silencio. La oscuridad
proporcionaba una gran tensión debido a la música y al espectáculo en sí. Sacó
una de las serpientes, la puso en el cuello y con los brazos seguía la
música; otra de las serpientes se le iba enredando muy lentamente sobre su
brazo y así hasta cuatro de ellas sobre todo su cuerpo. Jugaba con ellas y
bailaba sensualmente. Todos estaban atónitos y cuando terminó la actuación
empezaron a gritar y gritar agitados. No habían visto nada igual. Las
representación de repitieron durante más de un mes y las entradas se agotaron
rápidamente. En toda la ciudad no se hablaba de otra cosa, sólo de la bailarina
exótica que no se dejaba ver en todo el día; no salía a la calle y sólo se la
podía contemplar en el escenario. Nadie sabía quién era ni de donde había
llegado.
Unos días más tarde, apareció una noticia en el periódico
local donde se leía que el famoso Cleopatra´s
Club”; había sido censurado por haberse encontrado una muchacha de unos 20
años ahogada en la bañera rodeada de serpientes y con picaduras en su
piel. Era una muchacha de origen árabe con la piel amarillenta. Aún se la
notaba pintura de henna en su piel. Parece ser que realizaba un espectáculo
donde emulaba la famosa muerte de Cleopatra, pero las serpientes no tenían que
ser venenosas.
El comisario realizó una investigación exhaustiva hasta
llegar a la conclusión de que la muerte
se debía a un ajuste de cuentas con el dueño del local, que al no encontrarlo
decidió matar a su bailarina predilecta
a cambio de pagar sus deudas.
Toda la ciudad quedó conmocionada, al saber el resultado
de la investigación; ya que era la primera vez que disfrutaban de un fabuloso
espectáculo inspirado en personajes femeninos con un final bastante macabro.
"MÚSICA EN LAS VENAS"
"MÚSICA EN LAS VENAS"
“Dentro de escasos minutos ocupará con elegancia su lugar ante el
piano. Va a recibir con una inclinación casi imperceptible el ruidoso homenaje
del público”.
Si.
Esa va a ser su despedida, después de tantos y tantos conciertos por todo el
mundo, se va a despedir así de esa manera. Es verdad que su historia es casi de
película. Cuando era pequeño, cerca de su casa escuchaba la música de los
negros tocando hasta las tantas, se escapaba con su primo para poder
escucharlos a escondidas detrás de las ventanas en esos largos y calurosos
veranos de Luisiana, donde vivía. Le encantaba el vaivén de las caderas de esos
negros que parecía que se balanceaban sin parar.
Aprendió
que se puede bailar y tocar, casi sin despegarse del escenario. Que esas chicas
de color marfil, se pegaban a su pareja de manera sibilante y que en la iglesia
se las veía más recatadas y silenciosas, aunque intentaran esconder su color de
piel bajo esos guantes blancos que les hacían poner los de mi sangre. “Sangre
roja y eterna”, como la de cualquier ser humano; pero para mis tías, lo
mejor era, supuestamente, disimular ante los ojos de Dios y por eso “las
negritas”, como las llamaba mi Tía Paola, debían ir finamente con esos guantes
blancos para poder darles un toque “Humano”, dentro de la iglesia y de
la supuesta respetabilidad que se respiraba en el templo. Donde, además,
todos parecían iguales ante los hombres, aunque en la oscuridad de las casas y
las plantaciones, cada dueño y señor fornicaba y latigaba a su gusto a todo
aquel ser que fuera, según la Biblia, inferior a él.
De
toda esta experiencia, aprendió música, a bailar como ellos, a beber alcohol y
a verles como sus iguales. Le enseñaron que la música se lleva dentro y que hay
que sacarla fuera, donde fuera, para que todo tu ser sintiera la energía
universal.
Ese era él. Con el paso de los años, pudo entrar a tocar como pianista en el coro de la iglesia desarrollando la parte más espiritual de su alma. Pero, él sabía que dentro de su cuerpo había algo salvaje que quería salir y no sabía como y en una de esas fiestas salvajes con “Sus negritos” lo soltó todo y no quedó ni una nota que no brotara de sus venas.
Todo salió a la
luz de los demás, o mejor, dicho a los oídos de ellos, entre los cuales se
encontraba el que sería su descubridor y más adelante su mejor amigo.
Le
llevó a su estudio y estuvieron hablando casi hasta el amanecer y bueno, no tenía las ideas muy claras; sólo sabía que llevaba algo en él que era
necesario que saliera y vibrara hasta el más allá.
Dejó que lo pensara un par de días, para pode hablar con sus tías, por que
probablemente, estuviera mucho tiempo fuera de casa. Grabando “Singles”,
recorriendo y viajando por el mundo durante los conciertos. Su primo le apoyaba, en le animaba en todo. Empezó poco a poco e iban conociéndole por todo
el país, saliendo en las portadas de todas las revistas sobre nuevos talentos
musicales.
Su
estilo gustaba y tenía admiradoras en todas partes y en todos sus conciertos.
Recorría el teclado casi sin mirarlo y las notas salían sin más, una detrás de
otra. Con armonía y elegancia, aunque a veces, también salvajes. En uno de esos
conciertos, se volvió tan loco que provocó un pequeño incendio en su propio
piano y tocó y tocó, cual poseso y cual enaltecido por sus admiradoras y
admiradores que no dejaban de mirarlo una y otra vez.
Salió sano y salvo, y pese a sus múltiples borracheras, seguía y seguía tocando sin temor a nada ni nadie. Además provocó, una de las historias de amor aún más salvajes de todas las cosas raras que había realizando a lo largo de su carrera musical: se casó con la hija de su primo, algo normal en Mississippi en los años 50, pero que al iniciar su carrera en Europa, llegando a Londres, la prensa le “apredreó” en las noticias de todos los periódicos y telediarios acusándolo de pederasta.
Esto provocó su vuelta a Estados Unidos y
su declive profesional, durante unos años. Pero volvió a los escenarios, gracias
a los grandes del rock de los 70 que le llamaron para empezar de nuevo. Y hoy
se despide en una gran sala ante sus seguidores que aun siguen apoyándole y
pensando que la música se puede seguir llevando dentro: “Pase lo que pase,
aunque quemes un piano”.
Dedicado
a todos los amantes de rock and roll.
"SIEMPRE APAREZCO"
"SIEMPRE APAREZCO"
Si. Mirad ese soy yo. O soy Varios. Si digo varios por que
siempre en algún lugar de Europa o Asía siempre aparece y desaparece algún
heredero. Empecemos; aquí en España, donde"no se ponía el sol", resulta que en
la Batalla de Alcazarquivir, desparecí y volví a aparecer . Mi tío Felipe (El
Segundo) me quiso quitar de en medio para poder gobernar en Portugal con
derecho al trono. No sirvió para nada, Felipe reinó como el primero en Portugal.
Más
tarde desaparecería también un pariente mío, eso creo que de enfermedad o fiebre.
Bueno, eso me contaron. No le tengo seguro. Quizás si,quizás no. Era Baltasar
Carlos, hijo de Felipe IV y de Isabel de Francia, gran amazona y buena
gobernante durante los años que su marido estuvo fuera.
También de Francia, desaparecí. Si, era yo también, hijo de
otro Luis y de “Tonieta”, como la llamaba mi abuela María Teresa. Yo también
era hermano de otra Maria Teresa que se casó con otro de esos Luises que
gobernaban Francia desde ni me acuerdo.
Pero lo más extraño es que en estepas siberianas, más lejos
todavía de España también desaparecí y aparecí otras tres veces más, convertido
en otro de esos zares que gobernaban las Rusias Imperiales, y me casé varias
veces con emperatrices orientales y llegué a dominar toda Asia y así, así
goberné varios países a la vez. Desde España hasta China.
"DEBE SER LA PRIMAVERA"
DEBE SER LA PRIMAVERA
¡Sí, mirad! Esa soy yo: alta, morena, pelazo, buenas
cuervas, labios gruesos y golosos, portada en todas las revistas de moda,
pasarelas por todo el mundo, viajes, los mejores hoteles, piernas de infarto y
esos ojazos infinitos... ¡Ufff! Parece todo increíble, maravilloso,
fantástico... y ahora... ¿Qué más?
Cambios y cambios de looks, peines, planchas, cremas, nuevos
peinados, nuevos diseñadores, nuevas fotos y fotos y sesiones interminables de
maquillaje... ¿Pero que más quieren? ¿De qué van? Que si no puedes engordar ni
un gramo de más, que siempre tienes que estar sonriente, y sonriendo y ser
educada y fina y nada de ir al MacDonald a comer una de esas ricas
hamburguesas rellenas con la nueva salsa kajún, traída de India o yo que
sé, a lo mejor la prepara el de Master Chef y es Made In Spain...
Ojalá... que esta gente siempre tienen que dar el toque
exótico para preparar salsa rosa. Que no creo que la inventaran los chinos,
como siempre. Sino de esas, casi siempre casualidades, de mezclar tomate y
mayonesa, (en la propia encimera de su cocina), mientras le intentaban dar la
papilla al peque y éste, jugaba con la cuchara de madera, le dio por tirar los
botes de tomate y mayonesa juntando sabores y texturas.
Pues se acabó. Nada de peinados exuberantes y extravagantes, y pasearse en los cócteles de los hoteles de todo el mundo ¡Paso! ¡Qué les den!
Se van a enterar esta noche.
Ahora mismo me corto el pelo a “Lo Garçon”. Van a ver
lo que es “Moda moderna e Informal”.
DESPEDIDA
DESPEDIDA
Querida
familia:
Si estáis leyendo esta carta, seguramente me
habrá encontrado la policía en la habitación de mi pequeño piso, toda encharcada de
sangre. Rodeada de mis peluches y de mis libros, de los cuales no me separaba
desde hacía meses. Me dio por decorar mi cuarto y la cama con una colcha
naranja y las fundas de las almohadas de color granate para hacer contraste. No
sé si ese era el destino de esas cosas; sólo sé que en los tres últimos años no
levantaba la cabeza por ningún lado y acabaron así, llenas de mi sangre, que
mezclada con su textura, brillaban bajo el sol que entraba por las ventanas de
la habitación.
El trabajo no iba mejor de lo que yo espera.
Supongo que es falta de madurez, de motivación o de intentar ver siempre el
lado bueno de la vida; cuando de verdad yo no lo veía por ningún lado. Trabajé
en museos, teatros y bibliotecas; dando bandazos de un puesto a otro, sin
encontrar sentido a nada.
Veía a mis primos y hermanos, que parecía que mejoraban, que tenían su puesto fijo, se casaban, se iban de casa, se
compraban un coche nuevo o que creaban un lugar especialmente mágico donde
recargarse y empezar de nuevo cada día.
Me empecé a dar cuenta, bastante tarde, de que
había perdido oportunidades y de que siempre estaba igual, casi sin salir, sólo
leyendo y escondida en mis escritos. No sabía si era lo mejor para mí o que yo
soy así: “Dudosa por naturaleza o cobarde”. Admiraba a una vecina
mía que cuando se quemaba del trabajo y de sus padres, se escapaba en cuanto
podía a Murcia, a la playa, a desconectar, a ir a su bola y a pasar de todo.
A lo mejor yo tenía que haber conseguido
crear mi pequeño mundo mágico y no supe o no tuve la oportunidad de construirlo o la valentía
de enfrentarme a mis padres. Eso nunca lo sabré: sólo sé que al final decidí,
elegí. Sí, elegí darme este final. Rodearme de mis libros, mis peluches, mi
música, mi colcha naranja, mi sangre y escribir esta pequeña carta para deciros adiós.
Picasso y Susana
PICASSO Y SUSANA
Trabajaba en un museo catalogando, revisando cuadros y preparando exposiciones. Casi todas las semanas preparaba informes para las siguientes exposiciones y decidía, junto con el comisario, la temática de la misma y los cuadros a elegir. Tenía que bajar al almacén acompañada de un vigilante de seguridad; cada vez distinto.
Como cada mañana, entraba con el coche al garaje del museo y se encontraba con uno de ellos. Pero desde hacía un par de meses estaba siempre el mismo vigilante.
- "¡Qué raro pensó! Si tienen que rotar y es casi imposible que siempre le toque a él".
Pero no le dio más importancia de la necesaria. Bajó a la cafetería y como siempre, pidió su café cargado y allí estaba él, No paraba de mirarla.
- "¡Qué sensación más rara!. Pensó. ¡Será boba! Es mejor subir el café al despacho y seguir trabajando".
Ya estaba casi todo preparado para la exposición de cuadros sobre Picasso: "Su Temática y Evolución". Faltaban encargar a la imprenta la publicidad y los folletos... No sabía como pero salió del despacho y se encontró hablando con el vigilante del museo, mientras revisaba el maletero de su coche. ("Normas de Seguridad"). Como si ella se fuera a llevar un "Picasso". ¡Qué cosas!
Pero con todo esto, al final, se fueron a comer juntos y una cosa llevó a otra. Aparecieron en la casa de ella, para terminar juntos la noche. La cosa parecía ir bien, hasta que ella se quedó embarazada y allí empezaron los problemas.
Susana. estaba a gusto con su vida: "su trabajo, su embarazo...". Se sentía muy bien en todos los sentidos. ¡Parecía perfecto!
Él, en cambio, a sus 28 años creía que se le había caído el mundo al suelo: "Horario malo, trabajar de noches, no podía cambiar el turno y encina, ahora: ¡Ser papá! ¿pero qué es esto? Menudo follón".
Toda si familia en Sevilla y le daba mucho miedo decírselo a sus padres. ¡Qué lío de vida! Vaya "cacaó" mental en el que se había metido si darse cuenta ¿La quería de verdad? ¿Estaba preparado para ésta responsabilidad? No sabía contestarse y dormía mal. Además, él vivía compartiendo con otro vigilante.
¿Qué hacer? ¿Qué decir? Estaba fatal. Dejaba la casa, se iba a trabajar con ella... ¿Qué haría? Como se pasa el tiempo. La verdad que todo fue muy rápido. Los días pasaban y la barriga crecía. Iba a preparación para el parto, pero siempre sola. Nunca a acompañaba y costaba seguir el ritmo de la vida. Le sentía en la casa, le olía y le oía... Toda la casa en silencio, siempre en silencio.
Pero un día nació Clara y todo fue distinto. Sabía lo que quería y lo que sentía y aunque él no estuviera con ellas, tenía una parte muy importante de su vida: "La tenía a ella en sus brazos, toda blanquita y morena. ¡Era feliz".
- "¡Qué sensación más rara!. Pensó. ¡Será boba! Es mejor subir el café al despacho y seguir trabajando".
Ya estaba casi todo preparado para la exposición de cuadros sobre Picasso: "Su Temática y Evolución". Faltaban encargar a la imprenta la publicidad y los folletos... No sabía como pero salió del despacho y se encontró hablando con el vigilante del museo, mientras revisaba el maletero de su coche. ("Normas de Seguridad"). Como si ella se fuera a llevar un "Picasso". ¡Qué cosas!
Pero con todo esto, al final, se fueron a comer juntos y una cosa llevó a otra. Aparecieron en la casa de ella, para terminar juntos la noche. La cosa parecía ir bien, hasta que ella se quedó embarazada y allí empezaron los problemas.
Susana. estaba a gusto con su vida: "su trabajo, su embarazo...". Se sentía muy bien en todos los sentidos. ¡Parecía perfecto!
Él, en cambio, a sus 28 años creía que se le había caído el mundo al suelo: "Horario malo, trabajar de noches, no podía cambiar el turno y encina, ahora: ¡Ser papá! ¿pero qué es esto? Menudo follón".
Toda si familia en Sevilla y le daba mucho miedo decírselo a sus padres. ¡Qué lío de vida! Vaya "cacaó" mental en el que se había metido si darse cuenta ¿La quería de verdad? ¿Estaba preparado para ésta responsabilidad? No sabía contestarse y dormía mal. Además, él vivía compartiendo con otro vigilante.
¿Qué hacer? ¿Qué decir? Estaba fatal. Dejaba la casa, se iba a trabajar con ella... ¿Qué haría? Como se pasa el tiempo. La verdad que todo fue muy rápido. Los días pasaban y la barriga crecía. Iba a preparación para el parto, pero siempre sola. Nunca a acompañaba y costaba seguir el ritmo de la vida. Le sentía en la casa, le olía y le oía... Toda la casa en silencio, siempre en silencio.
Pero un día nació Clara y todo fue distinto. Sabía lo que quería y lo que sentía y aunque él no estuviera con ellas, tenía una parte muy importante de su vida: "La tenía a ella en sus brazos, toda blanquita y morena. ¡Era feliz".
Un Adios Inesperado
Un Adiós Inesperado
Buscó en el armario la foto de la mujer de la melena corta y las gafas redondas, pero ya no estaba. Pero, ¿Dónde estaba la foto? ¿Qué hizo con la foto? ¿Dónde la guardaría? No es posible, con lo ordenado que es. ¡No entiende nada!
Sin esa foto, se siente perdido. Es ella, la mujer que le enamoró. Esos ojos, esa piel, color de pelo, sus piernas... ¡Qué suaves! Se la hizo un día que fueron a Toledo a pasar un fin de semana. ¡Qué guapa iba!
Con su falda corta y su camisa de flores. ¡Qué guapa!
Él, un pobre muchacho enamorado de ella. ¡totalmente enamorado! Cómo lo recuerda todavía hoy. ¡Pena de vida! De Amor, De Deseo...
¿Por qué se fue?
¿Por qué termina todo?
Era todo lo que tenía de ella:
"Ese día, Esa foto y Ella".
Pero...no pudo tenerla.
Se suicidó y quedó solo, a la deriva.
Sin brújula. Sin Norte...
Ese día desde la ventana, veía como el séquito se dirigía hacia el cementerio.Todos vestidos de negro. Era un día gris y frío y lluvioso y feo. Sólo pudo gritar: "¡Adiós, mamá! Adiós".
Él, un pobre muchacho enamorado de ella. ¡totalmente enamorado! Cómo lo recuerda todavía hoy. ¡Pena de vida! De Amor, De Deseo...
¿Por qué se fue?
¿Por qué termina todo?
Era todo lo que tenía de ella:
"Ese día, Esa foto y Ella".
Pero...no pudo tenerla.
Se suicidó y quedó solo, a la deriva.
Sin brújula. Sin Norte...
Ese día desde la ventana, veía como el séquito se dirigía hacia el cementerio.Todos vestidos de negro. Era un día gris y frío y lluvioso y feo. Sólo pudo gritar: "¡Adiós, mamá! Adiós".
OTRO ERROR MÁS
OTRO
ERROR MÁS
Hacía más de tres meses que no sabía nada de él, cuando
recibió un mensaje en su móvil el día 25 de diciembre a las 16.30h. Para
felicitarla las navidades. Ella estaba
sentada en el sofá con la manta, tomando un chocolate caliente, un libro sobre
la vida de Miguel de Cervantes y la música de fondo. La chimenea caldeaba la
sala y por la ventana se podía ver como nevaba.
Estaba todo blanco, no se movía nada ni nadie. Todos en las
casas calentitos junto a la chimenea.
Se acordó de la primera vez que salieron a tomar unas
cervezas; la llevó a una cervecería irlandesa y cuando ya habían pedido y se
habían sentado, él se lanzó sobre ella para besarla de sopetón y casi la tira
de la silla. Menudo susto que se llevó. ¡UF! ¡Qué tío! ¿Cómo se puede ser tan
bruto? Pero que bien besa y como huele. Me gusta el olor de su cuerpo…
Así empezó una relación de unos seis meses tan intensa hasta
que se rompió del todo. Una noche de verano recibió mensajes de una chica que
no sabía quién era y por lo que escribió se dio cuenta que era su mujer. Quería que le dejara en paz, que ella era su
mujer, que le adoraba y no sabría vivir sin él.
¡Vaya noche toledana que pasó!
En fin, la vida es así de injusta. La utilizó para arreglar
su matrimonio y su corazón se cerró para siempre.
Un día los vio cerca de la parada de autobús de la Plaza de
Neptuno. Se acercó y dijo: “Hola, ¿Qué tal estás? ¿Se lo dices tú o se lo digo yo?” Él miró con cara de susto y su mujer
lloró.
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