"Castillos en el Aire"

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"CASTILLOS EN EL AIRE"


   El paseo a caballo por el campo me despejó un poco la cabeza. Me  lo dijo Lady Anna; salí a galope por la finca, no me lo podía creer. Diez meses antes le conocí en la fiesta de compromiso del Príncipe Charles. Allí estaba, vestido con su elegante traje militar, afeitado y alto. El hombre más alto que yo había visto en toda mi vida. Me encantaba su olor, su cara suave, su altura, su forma de besarme y de apretarme contra su enorme cuerpo; y también, lo que me hacía sentir cada vez que me abrazaba y me alzaba en el salón de baile. Me hacía ver las estrellas y el cielo.

Para mí, lo más extraordinario que me había pasado. Todo bien. Todo perfecto. Todo ideal. La carne de gallina, energía a flor de piel, sueños premonitorios, mirarnos a los ojos y no hablar, porque nos lo decíamos todo sin tocarnos. Incluso en las fiestas de la Corte, aunque estuviéramos lejos, nos olíamos, sabíamos que estábamos allí, sin vernos y de lejos, con los ojos, nos lo decíamos todo. No hacía falta que escribiéramos cartas, porque estábamos conectados y nos encontraríamos…

No sé lo que me pasaba cuando estaba a su lado.

 Era hermético, misterioso, nunca sabía si era real o imaginario. Mis pensamientos iban rápidos, ¿es verdad lo que siento o sólo producto de mi imaginación? La noticia me impactó, me entraban náuseas , mareos y dolor de cabeza; además de inseguridad. Cada vez que le veía hablando con alguna de las invitadas a las cenas reales, mi cuerpo se tensaba, me entraban sudores, incluso llegué a llorar y empecé a dormir mal. Sentía celos al verle al lado de las invitadas. Mi tía, con la que vivía, me observaba sigilosamente, controlaba mis sueños, me oía en las noches. Iba con las velas a mi habitación para comprobar mi respiración y me velaba. Por las mañanas, desayunando en el jardín, intentaba sonsacarme alguna cosa o preguntaba por mis sueños y miraba mis ojeras, para sacar algún tipo de información; pero yo no hablaba, rehuía su mirada y mis ojos hablaban; pero yo no podía controlarlos. Como no quería hablar y ella me veía inquieta, solicitó la presencia del médico de la corte, para que me examinara. Yo estaba en cama, con el largo camisón blanco sin querer comer ni salir y apenas, sin hablar. Como vieron que estaba pálida, recomendó que me llevaran a la casa de reposo. Allí me darían aceites esenciales y los paseos por los jardines, relajarían mi espíritu. Más adelante, conseguirían que pudiera comer y lavarme por mi cuenta.

 Las monjas, hacían su labor, lo mejor posible para que los pacientes fueran poco a poco mejorando. Los baños y los paseos, iban haciendo su efecto, pero la parte emocional, era más difícil de curar. Quizá con el tiempo, volvería a ser la de antes. La que animaba las fiestas, la que compraba las pelucas y los sombreros más extravagantes y tenía los vestidos más atrevidos de toda La Corte.

 La melancolía se fue instalando muy despacio en todo mi cuerpo. Los médicos no sabían que hacer; yo me desangraba por dentro, lloraba y hasta perdí peso. Nadie salvo yo, sabía lo que tenía en mi cabeza. Pensamientos incoherentes e inseguridades, que al final provocaron el peor incidente de toda mi vida. La carencia de valores y mi incertidumbre, crecieron más y más en mi interior, cuando se cumplió todo lo que me había dicho Lady Anna: Morí de amor, sólo que los demás no lo entendieron nunca.

Los miembros de la realeza sabían de su relación con la princesa alemana con la que estaba comprometido desde hacía más de dos años. Eso me destrozó para siempre, ya no fui la misma. Tardé demasiado en darme cuenta, que todo fue una mentira que destrozó para siempre la confianza en mí.