"MISTERIOS DE LA NOCHE"

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"MISTERIOS DE LA NOCHE"
 
La verdad que no sé si esto es un pecado o un secreto. Me gusta mucho trabajar en el hotel y  llevar maletas y ayudar a los clientes; sobre todo a las mujeres. Las observo desde una pequeña cámara instalada en el conducto de ventilación. Me gustan mucho  cuando van al baño para desmaquillarse y quitarse todas esas ropas tan caras. Y veo sus caras blancas de porcelana, que se les quedan amarillas y rojas de tanto frotarse con los algodones de colores que dejamos en los aseos. Su piel es rosa, color carne, preciosas/ Son rosas, color carne, preciosas.

Hasta creo que de donde yo las observo, huelen bien recién duchadas. Y por las noches, ellas no saben que estoy allí, en su habitación. Retiro las sábanas y veo sus cuerpos esculpidos en la oscuridad. No lo saben, pero son mías de noche. Y además, cuando se quedan acompañadas de sus parejas también las observo y veo y estudio las formas variadas en las que ellas disfrutan de su amor, de su postura y aprendo un lenguaje corporal que me transmite más información que cualquier conversación que se oiga o se mantenga en el comedor del hotel o de los pasillos por los que deambulo para comprobar que todas son mías sin que lo sepan.

Es cuando llega una nueva cliente, que me desvivo por ella. La alago, me encargo de sus maletas, las acompaño al ascensor y en las habitaciones dejo que disfruten y paseen de una habitación a otra y en la mesilla de noche suelo dejar fresas y zumo de frutas para que se relajen y lo tomen recién hecho.

La verdad que no las hago daño. Sólo disfruto al verlas, las noches son para mí y en las mañanas me recreo con lo vivido la noche anterior. Soy el vigilante nocturno y velo por su descanso.

A mí me parece que lo notan. Que se sienten seguras porque alguien las ayuda/guía/son así de confiadas

No lo notan. Están allí porque se sienten seguras.

No veo que tengan pesadillas cuando estoy cerca de ellas. Su respiración es tranquila. No sé porque usted piensa que hago mal; simplemente las observo y acaricio su pelo. Puede que a alguna la haya asustado sin darme cuenta; pero no es mi intención. Sólo quiero verlas y aspirar su olor. No es para que se enfaden. La verdad que una de ellas, intentó seguirme a mi guarida y al día siguiente apareció toda manchada de barro y con los ojos en blanco sin respiración, señalando con el dedo índice hacia la oscuridad. No era raro, me siguió y vió lo que hacía en la noche; adoraba a la luna llena y bailaba bajo ella aullando sin parar. Pero eso no creo que sea pecado, bailar o aullar. Es mi forma de vivir. Salgo sólo en esas noches y de paso me recreo con las pobres chicas que se aventuran en el bosque y las persigo en una danza sin fin, hasta que caen exhaustas y las cojo allí mismo para poder saborear sus cuerpos y oír los latidos de su corazón, que galopa intensamente para de pronto dejar de latir y yo pueda disfrutar de su último aliento que me da fuerzas para seguir  y buscar otra chica valiente que quiera compartir mi danza nocturna en el bosque.