"MISTERIOS DE LA NOCHE"
"MISTERIOS DE LA NOCHE"
Hasta creo que de donde yo las observo, huelen bien recién
duchadas. Y por las noches, ellas no saben que estoy allí, en su habitación. Retiro
las sábanas y veo sus cuerpos esculpidos en la oscuridad. No lo saben, pero son
mías de noche. Y además, cuando se quedan acompañadas de sus parejas también
las observo y veo y estudio las formas variadas en las que ellas disfrutan de
su amor, de su postura y aprendo un lenguaje corporal que me transmite más información
que cualquier conversación que se oiga o se mantenga en el comedor del hotel o
de los pasillos por los que deambulo para comprobar que todas son mías sin que
lo sepan.
Es cuando llega una nueva cliente, que me desvivo por ella. La
alago, me encargo de sus maletas, las acompaño al ascensor y en las
habitaciones dejo que disfruten y paseen de una habitación a otra y en la
mesilla de noche suelo dejar fresas y zumo de frutas para que se relajen y lo
tomen recién hecho.
La verdad que no las hago daño. Sólo disfruto al verlas, las
noches son para mí y en las mañanas me recreo con lo vivido la noche anterior. Soy
el vigilante nocturno y velo por su descanso.
A mí me parece que lo notan. Que se sienten seguras porque
alguien las ayuda/guía/son así de confiadas
No lo notan. Están allí porque se sienten seguras.
No veo que tengan pesadillas cuando estoy cerca de ellas. Su
respiración es tranquila. No sé porque usted piensa que hago mal; simplemente
las observo y acaricio su pelo. Puede que a alguna la haya asustado sin darme
cuenta; pero no es mi intención. Sólo quiero verlas y aspirar su olor. No es
para que se enfaden. La verdad que una de ellas, intentó seguirme a mi guarida
y al día siguiente apareció toda manchada de barro y con los ojos en blanco sin
respiración, señalando con el dedo índice hacia la oscuridad. No era raro, me
siguió y vió lo que hacía en la noche; adoraba a la luna llena y bailaba bajo
ella aullando sin parar. Pero eso no creo que sea pecado, bailar o aullar. Es mi
forma de vivir. Salgo sólo en esas noches y de paso me recreo con las pobres
chicas que se aventuran en el bosque y las persigo en una danza sin fin, hasta
que caen exhaustas y las cojo allí mismo para poder saborear sus cuerpos y oír
los latidos de su corazón, que galopa intensamente para de pronto dejar de latir
y yo pueda disfrutar de su último aliento que me da fuerzas para seguir y buscar otra chica valiente que quiera
compartir mi danza nocturna en el bosque.
