LA GRAN VIA

20:42 0 Comments A+ a-

LA GRAN VÍA

   Me llegó la cartera con toda la documentación al teatro donde estaba preparando y ensayando mi nueva obra en la gran ciudad de Madrid. Estaba sentado en una de las butacas de la 6ª fila pares donde mejor se contemplaba todo. Allí, sentado, escuchaba y revisaba toda la obra. La verdad, que no esperaba que me la devolvieran. Creo que fue en uno de esos tranvías que iban a las Vistillas y al bajar me di cuenta que ya no la tenía; menos mal que llevaba alguna “Rubia” en mi bolsillo para poder tomar un aguardiente y pasear del brazo de una de esas chulaponas que me ponían un clavel rojo en mi solapa y bailaban un chotis “mu agarraditas”.

   Yo estaba ensimismado con mi nueva obra y lo corregía todo y lo revisaba todo y les volvía loco con mis locuras y correcciones. Y la música… ummm…. La mejor de todas mis obras y mis textos y mis decorados y… Bueno, todo como yo lo quería. Así era yo, me gustaba sacar brillo y luz… supongo que también era muy meticuloso o muy insistente. Claro, tendría mis detractores, mis envidiosos, mis admiradores como cualquier otro artista. Yo, un pobre compositor madrileño. Mediocre para unos y magnífico para otros. No sé, el mundo del “Artisteo”  en así. Mi familia quería que fuera médico y me sacaron del conservatorio. Trabajé con los grandes, yo tenía un gran oído y tocaba el piano tan virtuosamente que todos los periódicos de la época hablaban de mí, me admiraban los críticos.

   Participé, como muchos estudiantes de la época en alguna manifestación contra el gobierno de un general como lo había en muchos otros países y fui detenido. Me llevaron a unos bajos de un gran edificio del centro de Madrid; allí alguna paliza que otra, falta de comida y agua y a pesar de todo supe componer algún que otro vals conocidos más adelante a lo largo de mi carrera.

  Salí de allí de otra manera, viendo la vida de otra forma. Tuve suerte porque mi gran amigo Francisco Barbieri me ayudó a orquestar y dirigir sus obras y me convenció de que dejara la medicina, a la que aborrecía, por mi gran ilusión: “La Música”.

   Pude trabajar como pianista en un teatro maravilloso para mí: Teatro Variedades en la Calle Magdalena número 40. Que fue un antiguo edificio de juego de pelota convertido en teatro  con un aforo de unas 800 personas y donde representaba mis obras del género chico o zarzuelas, que algunos entendidos opinaban que no era de calidad con respecto a las óperas.

   Tenía éxito y gozaba de grandes privilegios. Estaba preparando mi gran obra, cuando llegó un paquete para mí, cuando lo abrí encontré mi  cartera junto a una carta firmada por:” El Rata 1º, El Rata 2º y El Rata 3º, con el visto bueno de La Chata y La Pelos. "El gremio", explica la misiva (conservada en la Biblioteca Nacional de Madrid) decidió devolver la cartera con todo el dinero más cinco duros "como prueba de respeto y admiración al guripa de más pupila y más salero de España". "Dios le conserve la salud para que se ocupe pronto de nosotros en el escenario", se despedían los ladrones, a los que el zarzuelista había retratado con tanta gracia en su obra  La Gran Vía.


ALHAMA DE GRANADA

12:39 0 Comments A+ a-



ALHAMA DE GRANADA

Cuando susurras
al viento,
tu canto
de Invierno,

Oyes mi nombre,
que tiene veneno.

Risa en el aire,
y Alhama, valiente,
te mira desafiante...

No pienses, Caminante,
que no soy hospitalaria.

Así, de sorpresa,
en mi espejo de plata,
reflejo tus olas.

Y para no herirte,
río al instante.
Alhama, valiente,
te dice sonriente:

"Que sigas mirando
sus olas calmadas.
Y vengas, de veras,
las veces que quieras.

 Y de una ventana
que al Tajo se asoma,
creerás que es Cuenca
la que te llama".

NOSTALGIA

21:26 0 Comments A+ a-


NOSTAGIA


No volveré a sentir
sus manos en mi piel.

Ni volveré a besar
esos dulces y tiernos labios.

sabiendo que su corazón
ya no me pertenece...

Y no volveré a sus brazos,
como antaño sucedía
con frecuencia..

Sin pesar, su fantasma
estará aquí; conmigo.

Al igual que el mío con él.

Hasta que los dos,
aprendamos a seguir vivos.

"La Carrera de la Vida"

14:17 0 Comments A+ a-


LA CARRERA DE LA VIDA"


   ¡Hola! -dije- "Ya estoy aquí, sentado sobre mi nueva moto roja y azul. Toda super nueva. Con mis casco, mis guantes y mi traje plateado preparado para salir de casa. Igualito que Alonso. ¡Jó! ¡Qué hombre! ¡Qué maravilla de piloto! Igual que yo; además de Asturias. Allí estaba yo, sobre la montaña. Se veía el Mar Cantábrico en calma. Todo sereno y azul; incluso desde arriba se olía a sal y pescado. ¡Qué bonito era!

   Ese día, había salido sólo, sin los colegas. Aprovechando la mañana soleadado de este otoño veraniego que se alarga en el tiempo.
Desde allí ojeaba todo.

   La idea era esa: "Respirar, Descansar, Pensar y Olvidar".

   ¿Olvidar? ¿El qué? No, no. Eso no se puede olvidar. No se puede olvidar que casi muero en una curva. ¡Sí! La famosa curva maldita. Esa, en la que me tropecé con ese gamo. Ese ciervo inmenso que corría por la montaña. Ese gamo al que atropellé y maté y casi me cuesta la vida. Ese gamo que me hizo perder la carrera y la cabeza. No, no. No se puede olvidar.

  La culpa fue de mi abuela. Si, ella. Con su manía de lavar todo; de mezclar, de no separar, de tener todo desordenado y guardar a su manera; por que si ordenara toda la ropa por colores o tamaños o calcetín con calcetín, jerseis con jerseis, estarían mejor las cosas y podrían encontrarlas.

  Pero no. Tuvo que desordenar y mezclar toda mi ropa con la suya. Y, asi fue, que me tiré casi/más de una hora buscando "mí" calcetín rojo. Ese con el que ganaba todas las carreras. Y, nada. No hubo manera. Así fue como al llevar puestos otros calcetines diferentes aparecí en el hospital todo magullado y lleno de heridas y moretones.

  ¡Qué follón! Toda la prensa molestando. Y fotos y preguntas y entrevistas. ¡Qué pesados! No se puede vivir así...

  Menos mal que ya estoy aquí. Sobre mi moto, oteando todo.

  Como un Cid sobre su Babieca.