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Esta soy yo, delante del espejo. Veo que me visten y peinan mi larga cabellera. Después de un largo y relajante baño de sales, salí y me secaron, me trajeron las ropas limpias y terminaron por preparar mi peinado en grandes bucles y decorarlo con horquillas de colores. Es todo lo que ocurre siempre, cada dos semanas ocurre igual. Esa es mi rutina. Me bañan, me secan, me visten y me peinan; para que después me admiren los demás.

No sé porque lo hacen. Veo que me han salido escamas; creo que debe ser por estar cada dos semanas dentro del agua. Me frotan mucho y me dejan allí unas horas, hasta que creen que es el momento de secarme.

Menos mal que por las noches me dejan sola. Y puedo ver las estrellas desde la ventana y la chimenea está casi siempre con troncos y el fuego calienta toda la habitación. Me envuelvo en las pieles que encuentro en la cama y las sábanas son suaves, no tienen nudos ni son tirantes y puedo descansar después de un largo día en el que me admiran y me exponen para ser una estatua  o una figura de cera. No les entiendo; intento comunicarme con ellos, pero no salen palabras de mi boca; más bien parecen grititos que les hacen reír y lloro. Una criada me calma y me devuelve a la habitación donde suelo pasar el resto de los días hasta que otra vez me bañan y me preparan para mi próxima sesión.

En uno de esos días que me quedo sola, me desnudo frente al espejo para entender que es lo que me pasa. Soy alta, rubia, más o menos delgada y los ojos son bonitos, pero se les ve triste y mi boca; ¡uff¡ mi boca, el labio de abajo parece que se cae. Veo que en las comisuras de los labios se ven y se marcan pequeños surcos que hacen que mi boca transmita tristeza. Ojalá entendiera que es lo que me pasa, porqué me tratan así y porque no puedo hablar. Debo tener un nudo en la garganta. Debo ser rara, encerrada aquí. Pasan los días y me parece que tardan en venir a buscarme, pero sin embargo, está la tina preparada con agua de sales aromáticas; pero no es clara, se ve que tiene algún color como blanco. Me parece que esta vez han debido hechar algo de leche; además de las plantas aromáticas que suelen traer del campo que está cerca del castillo donde vivo. Yo veo a las criadas que bajan y traen cestos con flores de diferentes colores, que las deshojan y ponen los pétalos dentro del agua para poder limpiarme y hacer que huela bien. Los invitados suelen estar alegres cada vez que se acercan a mí y quieren tocar mi cuerpo, pero no les dejan.

En esa mañana en la que veía que no venían a prepararme, decidí meterme dentro de la tina y estuve un rato hasta que me cansé de estar allí; además el agua empezaba a enfriarse. Salí, me sequé cerca de la chimenea y cuando ya estaba casi seca, empecé a tocarme y me pareció que no era la de antes, me parecía que me faltaba algo. Yo tenía algo en el pecho en forma de fruta y al acercarme a los muslos encontré una cosa que no era lo que yo solía tener. Era más bien algo que se alargaba y que me daba una sensación extraña al tocarla. Creo que eso de bañarse solo no era tan bueno como yo pensaba. De ser algo bonito, suave y agradable de ver y oler; me convertí en algo que tenía pelo por todos lados y que ya nunca sería adorado ni respetado por los habitantes del castillo. De una simple princesita, me convertí de tanto baño en un ser rudo y fuerte que solo servía para salir a los campos y las batallas a las que me mandaba, mi dueño y señor El Rey, que era mi padre sin que yo lo supiera,. Habían decidido cambiar mi destino más o menos silencioso y tranquilo, a uno más salvaje para poder proteger al pueblo de unos salvajes que querían invadir y destrozar la vida tranquila en la que habíamos vivido desde hacía ya varios años. Así fue que al principio era suave y serena y después rudo y fuerte, para que de esa manera no tener que casarme con algún otro señor feudal que abusaría de mí a su manera o que la suerte, era que yo me convirtiera en alguien importante que salvaría a su pueblo. Me transformarían lentamente para salvarme de un destino, quizá más triste. Y ahora yo sería un hombre fuerte y valiente que protegería  a su pueblo de cualquier enemigo salvaje y viviríamos por siempre jamás en nuestra tranquilidad serena de estos valles del norte de Irlanda.

TRANQUILIDAD ABSOLUTA

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  "La blancura de la nieve contrastaba con la negra oscuridad de la noche. Iluminada por la luna llena, se veía el largo camino hacia las casas del pueblo hermoso y templado del amanecer.

  Poco a poco, el sol entraba cual gato sigiloso, por las ventanas. Despertando a sus habitantes. La vida era tranquila e iba clareando cada rincón muy despacio, para que así diera tiempo a que estos recibieran todos sus rayos luminosos y enérgicos realizando con valentía las labores campestres e ir hacia ellos.

  Las mujeres muy despacio, se iban deslizando hacia los lavaderos charlando animadamente sobre las nuevas que iba trayendo el viento del este y que después se iban diluyendo y aumentando según el ritmo del agua, que aclaraba y sacudía la ropa que venía casi toda ella de la Casona, donde La Señora hacía y deshacía a su antojo. Mandando construir o no, cualquier novedad que trajeran de la gran ciudad.
 Qué si estaba de moda tener una pista de frontón, ella la encargaba y la tenía. Qué si la novedad era tener un salón de baile en un parque y que éste palacete fuera de cristal, pues lo mandaba construir y celebrar por todo lo alto un gran baile. Qué si lo más maravilloso era un columpio que llegara hasta el cielo, pues pedía al ebanista que le preparara un gran balancín para poder disfrutar... Dejando a los invitados estupefactos...

  Pero, lo más asombroso que pudo mandar construir era un gran telescopio que mandó traer del Sur de Alemania, donde en aquella época, era la zona más rica de todo Baviera. Y donde los más prestigiosos astrólogos estudiaban, sobre todo por la noche, los movimientos de las estrellas y la Vía Láctea que les tenía fascinados y aterrorizados a la vez; ya, que según contaban algunas historias antiguas, que de una de esas estrellas vino hace muchos años un ser extraño, azul y casi transparente que les hablaba de otros seres que traerían inventos especiales para poder arar los campos sin casi esfuerzo y que les haría la vida más fácil de la que tenían ahora."

  Así vivían de esa manera tan tranquila y despejada, sin ningún ánimo de cambiar lo que habían conseguido durante décadas. Esa era su vida ideal, tranquila y lejana de la gran ciudad. A la que tenían mucho miedo de conocer ya que les devolvería a su mísera vida cotidiana de trabajos duros y forzados en los campos de algodón de los que escaparan hace más de miles de años."

MENSAJES AMARILLOS

12:10 0 Comments A+ a-


MENSAJES AMARILLOS

¿Quién es este? Él de la foto. Se le ve como pensativo, como ausente, con esa mirada hacia ningún lado. Fumando lánguidamente en esa postura y con ese abrigo gris y esa pajarita y ese traje a rayas.

Pues no lo sé. Me encontré esta foto entre los papeles de mi abuela. No sé quién es; pero creo que fue un admirador de ella que la mandaba flores o cartas de amor y que siempre iban acompañadas de ese olor a narcisos blancos y amarillos. Yo creo que con esas flores se enviaban mensajes secretos sin que mi bisabuelo se enterase de lo que escribían.

Debe ser bonito que te manden flores con un mensaje y que nadie se entere de lo que os contáis.

¿Sabes una cosa? El narciso es una flor espectacular. Florece a finales del invierno y suele ser amarilla, aunque también las hay blancas y anaranjadas.

Me parece muy romántico que te manden un ramo de flores. Las amarillas son bonitas, son las que más me gustan a mí. Es un color brillante, alegre y que estimula la memoria. Creo que evoca el verano y del sol, con lo cual, cuando se está triste o se añora el verano, su presencia, puede ayudar a levantar el ánimo.

Sí, creo que tienes razón. A lo mejor por eso le enviaba flores de color amarillo. Sería por lo que le pasó a mi abuelo que murió en la guerra y ella que estaba casi siempre encerrada en la casa, fue empezar a recibir estas flores que de pronto también floreció a la vida, que esperaba con ansiedad su llegada y el significado de cada ramo que siempre llegaban a pricipio de enero con las primeras nevadas y el sol empezaba calentar un poco más. Como si su sola presencia la llevaran a recordar imágenes que la alegraran esos días de frio invernal. Era muy solitaria. Sus pensamientos los guardaba y callaba mucho porque no sabía actuar de otra manera. Así era mi abuela, silenciosa, callada y tranquila.

Seguro que tuvo algo en su pasado que la hizo convertirse en esa persona de la que tanto cariño tienes/Con la que tanto cariño hablas.

Para mí, era impresionante. La quería mucho, me hacía muy feliz verla en la casa donde nació. Aprendió muchas cosas ella sola, era hija única y le dieron una educación refinada y elegante para una señorita. “La Hija de un simple comerciante” que la tenía casi encerrada; pero a la que enseñó y educó con institutrices que le dieron/aportaron grandes conocimientos de arte, historia, geografía, danza y piano, para poder buscarla un pretendiente adecuado a su nivel o rango. Mi bisabuelo, preparó una gran fiesta para presentarla en sociedad y la vistió para la ocasión con un vestido de color azul cielo y tirabuzones que rodeaban su pequeña cabeza. Era la atracción de esa noche, con esos bucles rubios y su vestido, recién traído de París, para causar gran sensación entre los invitados, sobre todo los masculinos. Y entre uno de ellos, apareció mi abuelo, con el que la casaron casi a los tres meses de noviazgo. En lo que parecía algo feliz y maravilloso, estalló la guerra que se llevó a muchos hombres y mi abuela quedó sola en la casa sin más compañía que sus recuerdos de infancia y su poca habilidad como ama de casa que la llevó a vender algunos muebles que ya no quería ni le hacían falta. De su marido sabía poco, la verdad. Salvo alguna carta suelta que le llegaba del  frente .

Hasta que /Y un día de domingo, apareció en la puerta de su casa un soldado que traía una carta y una caja con las pertenecías de su marido, que parece, murió intentando salvar a otro compañero y allí mismo cayó en los brazos de este mensajero que al poco tiempo fue el que la empezaría a mandar narcisos para que no olvidara que él era en realidad el que se tenía que haber quedado con ella para siempre.

 

 

"NO HAY NADA MÁS"

20:13 0 Comments A+ a-


NO HAY NADA MÁS

 

Como siempre no hacía más que olvidarse de las cosas. Iba rápido a todas partes, no paraba.  A lo mejor era eso. Que creía que había encontrado por fin un grupo de amigos con los que poder salir y quedar, e ir de bares por el barrio o al cine y desconectar un poco de la vida rutinaria que se había creado sin darse cuenta. Que tal vez podía haber hecho algo mejor con su vida; o eso creía o se decía a sí mismo. Que había vuelto a fallar con sus amistades. Pero no tiene que ser siempre así. Todos cometemos errores. No tiene que ser siempre él, el que falle o quizá ponía demasiadas esperanzas al empezar una nueva amistad.

Pero esto no podía ser, se tendrá que hacer de otra manera.  Pensaba: "Voy a tener que poner un poco de distancia, tomarme tiempo para dedicarme a mí de una vez. Empezar de nuevo, como siempre. Parecía un Ave Fénix que resurgía de sus cenizas una y otra vez". ¡Qué vida esta!, la del pobre vigilante de seguridad qué está de sol a sol o mejor de 07.00 a 19.00 en una garita pasando frío o calor, según la época.

Así es que esto no tiene mucho sentido, la verdad. Se levanta, desayuna, va al curro hasta las 19.00 h y otra vez a casa:  ”Me parece que tengo que hablar con alguien que me pueda aconsejar;  porque esto de hablar solo con la pared no es normal. Aunque me ponga la radio, nada, no hay manera siempre igual: “Trabajar-Comer-Dormir”. Vaya verbos más duros de pronunciar. No me parece lo más adecuado. Me faltan otros verbos. Voy a tener que pedir hora en el ambulatorio: Me parece que me estoy exigiendo demasiado a mí. O que a lo mejor me están presionando otros y me está afectando en todo”.  Pensaba mientras hacía las rondas en la oficina donde trabajaba esa noche.

Se apuntó en una página de actividades para hacer senderismo, excursiones, visitar museos o asistir a conferencias sobre arte, teatro e historia y empezó a ver más cosas. A apreciarlas, a encontrar sentido a las cosas. A ¿Todo? ¿Quizás? O ¿se estaba imaginando que ya era un ser normal al que la suerte le iba a sonreír?

Allí tumbado sobre la camilla sólo veía luces fosforescentes que le radiaban por todo el cuerpo y personal médico con batas blancas, con mascarillas y guantes que no hacían más que manipularle por todo el cuerpo a través de una cabina de cristal. Mientras, él estaba quieto, sentía que los ojos se le enrojecían y le caían pequeñas gotas de sudor por la frente, pero no podía mover las manos. Las sentía duras y rígidas. No notaba nada en todo el cuerpo, sólo las pequeñas gotitas que corrían hacia la cara. ¡Qué sensación más extraña! Su mente iba de un pensamiento a otro rápidamente. Sólo oía voces, aunque no entendiera nada. Hablaban en otro idioma más duro, más fuerte.  Le pinchaban para sacarle sangre o mirarle las pupilas de los ojos, pero nada, no era capaz de levantarse. Debían de haberle puesto algún tipo de narcótico o somnífero por que no recordaba nada de nada. De cómo había podido llegar a esta sala tan iluminada. Seguro que era de alguna de esas quedadas con la gente nueva del grupo de senderismo. De pronto recordó que era de noche, que estaban frente a una hoguera contando historias y bebiendo y que a lo mejor dentro de la bebida había algo que le había adormilado para después aparecer allí, metido en esa cápsula de cristal. Sin poder ver por la cantidad de luz que le envolvía.

Seguro que era eso. Pensó. Que le habían dado algo para después realizarle algún tipo de pruebas para sacarle algo del cerebro; ya que tenía la cabeza dentro de un casco y este estaba conectado a un aparato que le iba sustrayendo todos sus pensamientos buenos o malos, para poder vaciarle la cabeza y llenarle de otras ideas que le harían volverse más loco de lo que estaba. Simplemente, estaba en esa sala para que hicieran con él lo que quisieran y después dejarle totalmente atontado y confesar de cualquier manera, que él era el verdadero Doctor Frankenstein. Creador de vida, gracias a los rayos de la gran tormenta que asoló toda la provincia y les dejó sin luz.

Ese era él: Frankenstein.