EN BLANCO Y NEGRO

13:08 2 Comments A+ a-


El magnate George Turner y su amante y actriz de cine, Cecilia Von Carter, fueron a cenar al famoso “Cutton Club” que estaba de moda esa noche por las actuaciones de chicas exóticas y música jazz.


A la mañana siguiente, cuando subieron el servicio de habitaciones, se los encontraron uno en la bañera, apuñalado por la espalda y la mujer en la cama, toda revuelta, con el cuello ensangrentado. Cecilia estaba desorientada, no se acordaba de lo que había pasado la noche anterior. La policía no hacía más que dar vueltas y vueltas por toda la habitación y se mareaba de ver a tanta gente por allí.


Le hacían preguntas y más preguntas, pero no se resolvía nada.


Necesitaba respirar, salir de allí. Era todo caótico: la policía, los periodistas, los del hotel… todo el mundo detrás de ella ¡Vaya pesadilla¡


Era inimaginable ¿Qué había podido suceder? ¿Por qué estaba toda la habitación revuelta?


Y, ¿cómo llegó George a la bañera y amaneció apuñalado?


Eran demasiadas preguntas que ahora no sabía responder. Necesitaba alejarse de todo y el único sitio donde pudo ir era a la antigua cabaña de la montaña. Su manager la había recogido en la habitación del hotel y mandó el chófer que se la llevara lo más lejos posible de allí: no podía permitir que la imagen de su querida actriz acabara en los periódicos de toda la ciudad. Tenían que guardar su intimidad lo antes posible; aunque en una ciudad como Chicago eso era imposible de conseguir.


Unos cuantos años antes, cuando la descubrió en un pequeño pueblo de Carolina del Sur, trabajaba en una fábrica textil de la zona, rodeada de telas e hilos por todos lados. Era pequeña, rubia y enseguida se ponía colorada por el sol. No era el tipo de mujer que gustaba en el pequeño mundo del cine, pero tenía un brillo natural en sus ojos que hacía que la cámara y los espectadores se enamorasen de ella, con esa vocecita tan dulce que parecía una mariposita que había que resguardar de cualquier intruso. Sólo por ella valía la pena vivir.


Era su musa, su objeto, la que de verdad hacía que todo tuviera sentido. Su obsesión. Había que protegerla a toda costa, envolverla en celofán y prepararla sólo para que actuara, cantara y bailara… siempre para él.


Sin embargo, no se pudo imaginar todo lo que supuso su llegada al mundo del cine. Los éxitos, los premios, las galas, los viajes… todo fue imprevisible.


Los regalos, las joyas, las casas… Era ella la dueña de todo; casi era propietaria de la compañía cinematográfica. No podía controlar sus caprichos, sus deseos y sus bombones rellenos de licor. Infantil.


¿Cómo se puede controlar a un ser sacado de una fábrica de alfombras al que se le había dado todo? No lo podía imaginar.


En una de esas galas, se sentó en la misma mesa que George Turner. Ese engreído ricachón que se llevaba a cualquier mujer. Cuando le presentaron a Cecilia, no lo dudó ni un momento: sería para él.


Perfecta para coleccionarla y presumir ante todos los que le envidiaban. Estuvieron toda la noche charlando y bebiendo, hasta que les echaron. Subieron en un taxi negro y se dirigieron al hotel, donde horas más tarde los encontraron así. De aquella manera.


La policía habló con todos los huéspedes del hotel y no encontraban nada sospechoso, solo el ir y venir de un camarero que llevaba bebidas a la habitación. Ya desesperados, uno de los detectives habló con un matrimonio que venía de pasar la noche en el casino donde los vieron por última vez. Le contaron que lo único raro es que se tropezaron al salir del hotel con un señor vestido con una gabardina marrón y un sombrero del mismo color, de estatura media, que les saludó. El policía creyó ver una buena pista; ya que todas las sospechas recaían sobre el manager de la actriz.


Tuvieron que realizar pruebas a todos los trabajadores del hotel y los huéspedes. En la habitación encontraron las huellas de cuatro personas: las de George, las de Cecilia, las del manager y unas huellas desconocidas.





Se investigó la vida de estos dos últimos y descubrieron que una de las camareras había pasado una tórrida noche con el millonario y había dicho que pronto se casaría con ella. Tras un severo interrogatorio confesó al final que le había puesto barbitúricos aprovechando que tenía la llave maestra. Disfrazada de hombre, subió a la habitación y se vengó de él.

ÁREA ESTELAR 48

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"ÁREA ESTELAR 48"

¡Alarma, alarma!

Todas las pantallas de la nave estelar 565 estaban recibiendo mensajes de alerta y se iban encendiendo las luces de emergencia. La nave se movía por todos lados, no había estabilidad lineal y los monitores se apagaban y encendían. El segundo de a bordo estaba sincronizando las coordenadas desde su puesto de mando.

- “¡Rápido! Dijo: “Despertar al capitán”. Desconectarle de su cámara de sueño y darle un buen reconstituyente vitamínico y que se presente inmediatamente en la torre de control, necesitamos sus instrucciones para poder llegar al área estelar 48, repostar y revisar los motores que han sufrido los ataques de los drones draconianos y se han infiltrado en nuestros conductos internos de la nave.

- ¡Señor! – Dijo su ayudante. No podemos despertar al capitán, acaba de reiniciar su fase de sueño y dijo que no le molestáramos a no ser que fuera necesario. Además, podría provocar destrozos irreversibles en sus fases del sueño y su cerebro; incluso en los movimientos de su cuerpo.

- No te preocupes, Richi. Aún no ha entrado en la fase de sueño profundo y puede ser despertado sin que afecte a ninguno de sus puntos fuertes. Date prisa que necesitamos su ayuda ya.

En seguida fueron al camarote del Capitán para poder despertarle lo más rápido posible y explicarle la situación. Costó un poco, porque las normas de seguridad para realizar el despertar eran un poco lentas y así evitaban posibles lesiones en el cerebelo. Realizada la operación, el Capitán despertó sin ningún tipo de problemas, se tomó el reconstituyente y fue a la sala central de la nave donde el Segundo le puso al tanto de la situación.

Lo primero que mandó fue poner el escudo protector de la nave. Comprobar que las defensas estaban activadas al máximo. Leer el informe de su ayudante para ver qué zonas de la nave estaban destrozadas.

A continuación se sentó en el ordenador para proceder a una revisión detallada y completa de cada sector de la nave. Cerró las compuertas una a una, para facilitar el análisis independiente. En las expertas manos del capitán la computadora se convirtió en un ser vivo que enviaba a nano-robots simultáneamente a diferentes espacios de la espaciosa nave. Comprobando su funcionamiento y reparando pequeños desgastes componiendo un precioso encaje de bolillos allí y allá.

Al llegar a la zona de carga y observaron un desplazamiento de varias cajas de material especial. El capitán dijo: “No. Eso no. Hay que evitar que ese material salga de la nave. Manda a los robots a la zona de carga. Los drones han provocado la inestabilidad de la nave al haber entrado en los conductos del aire”.

Inmediatamente, los robots se dirigieron a la zona de carga para hacer una inspección minuciosa. Estaban preparados para un ataque sorpresa ya que iban con sus láseres y armas defensivas instaladas dentro de su armadura. Al llegar allí, no se movía nada ni nadie. Un silencio incómodo lo llenaba todo. Desde la zona de control, visualizaban cada centímetro segundo a segundo. De pronto se descontroló todo. Salían de todos los rincones miles y miles de drones draconianos teledirigidos desde no se sabía dónde. Disparos y más disparos. Cajas caídas. Robots disparando por todos lados y los drones ganando palmo a palmo la situación.

Esto iba a peor – Capitán, ¿Qué hacemos? Dijo el Segundo. No hay manera de parar todo esto; tenemos que hacer algo de inmediato.

“Busca sus puntos débiles”. Dijo el Capitán. “Tiene que haber algo que haga que se destruyan”.

“Habrá que distraerlos de alguna manera”. Sugirió el Segundo.

Manda a los robots que lancen gases o disparen a su estructura exterior para ver si afecta a alguno de sus sistemas técnicos y apaga las luces para saber en qué zona caen. Tráeme uno aquí, desarticula sus órdenes y mira si tiene alguna cápsula de memoria para saber quién está detrás de todo este desastre.

A sus órdenes, mi Capitán. Respondió el Segundo.

En seguida se puso a realizar todo lo indicado por el Capitán y gracias a sus órdenes, consiguieron dominar la situación en la zona de carga. Recuperaron las cajas que querían proteger; pudieron estabilizar la situación y controlar a los drones draconianos.

Llevaron a uno de ellos a la Sala de Control y allí mismo fueron desconectando todos los cables y buscando la cápsula de memoria. Con el chip que encontraron, leyeron una orden del Clan Draconiano de la Colonia Norte del Área 53.

Estabilizaron la nave y pusieron rumbo al área estelar 48. Llegaron y enseguida fueron a hablar con sus superiores sobre el ataque draconiano, llevando consigo el chip que en la nave no podía leer correctamente su contenido porque no tenían el sistema de traductor del lenguaje draconiano.

Se lo entregaron a uno de los técnicos especialista en lenguajes de la comunidad draconiana. Puso el chip en la computadora central para que todos los presentes pudieran leer el contenido de la cápsula. En la pantalla se podía leer que todos los drones draconianos debían atacar a las naves de los humanoides para evitar que robaran su más preciado mineral que les servía para alumbrar sus ciudades y protegerles de sus atacantes.

Eso era lo que llevaban en la cámara de carga. Ese preciado mineral que servía a los humanoides para poder respirar en otras galaxias. Por eso habían sido atacados por los drones. La confederación de galaxias ya se había reunido hacía tiempo para resolver éste problema, pero parecía que al Clan Draconiano no le había gustado mucho la decisión de compartir todo ese mineral que solamente estaba en su planeta. Tenían que poner otra vez en aviso al Consejo Mayor para que solucionara de una vez por todas, éste problema que afectaba a todos los humanoides.

De pronto, en la pantalla central de la nave apareció un mensaje del Clan Draconiano reclamando de manera urgente un encuentro en el Área 48 para poder hablar. Allí se reunirían con el Consejo y se decidiría que hacer…

Se oyó un grito en la casa: “Roberto, deja de jugar a la Tablet y ven a poner la mesa que es hora de cenar”.

¡Mamá¡ Déjame terminar la partida que no podré salvar a mis humanoides.

Deja la Tablet de una vez, como sigas así no podrás salir en todo el fin de semana.

Vale, ya voy. Dejaré a los humanoides que se tele-transporten para que puedan hablar con los draconianos.

03:43 a.m.

17:26 2 Comments A+ a-


David estaba preocupado. No sabía si había hecho lo correcto o si las cosas se podrían haber arreglado de otra manera. Estaba en una encrucijada. ¿Qué hacer? ¿Cómo afrontar el problema?


La noche de autos, estaba conduciendo de noche por la carretera. El cielo estrellado. Una noche oscura… luces de coches cruzándose con él. Su cabeza era un caos, pero extrañamente él se sentía en silencio.


La radio encendida y la locutora explicando que se habían encontrado dos cuerpos flotando en el río y la policía y los submarinistas sacándolos junto a sus pertenencias. El detective que llevaba el caso lo tenía claro: “Los habían asesinado y tirado al río”.


¡Qué noche más inoportuna!


Cuanto periodista pegado al puente y la gente mirando.


¡Se podían ir todos a sus casas!


Mucho ruido para nada. ¿Qué más podía suceder? ¿Qué más podía pasar o pedir?


Cuando los encontró unas horas antes todavía estaban vivos celebrando su cumpleaños en una casa rural en la sierra de las afueras.


Todo era normal. Una fiesta cómo cualquier otra, el cumpleaños feliz de siempre, con aperitivos, tarta, bebidas y música. Bueno, lo normal en familia… regalos y esas cosas.


De pronto llamaron a la puerta, era él. Con esos pelos alborotados y los ojos saliéndose de sus órbitas que desprendían fuego e ira. Todo acalorado. Entró como un rayo hacia el salón y sin más empezó a disparar.


¡Qué locura! Disparos y más disparos.


Escapó por la ventana y corrió lo más rápido que pudo, subió al coche sin rumbo fijo. ¿Cómo se pudo llegar hasta este punto?


Sentimientos y más sentimientos. Amor y dolor. No sabía que se iban a complicar tanto las cosas.


Cuando la conoció le dio un brinco el estómago. Era increíble: rubia, blanca, inteligente, culta y divertida. En una palabra: Maravillosa. ¿Cómo podía vivir con ese energúmeno, atontado, grande y fuerte? Era impensable. No se lo podía imaginar.


¿Tendría que presentarse a la policía? ¿Se mantendría al margen? No sabía que debía hacer.


Descansó en una gasolinera y mientras le ponían gasolina decidió tomarse un café en la cafetería para poder poner un poco de orden a las ideas que se le agolpaban en la cabeza.


Fue todo muy rápido. Las imágenes le invadían de una en una e iban muy seguidas. Como todo lo que pasó con ella. Rápido y veloz. Así era ella. Inmensa.


Lo daba todo, sin pensar en las consecuencias. Le gustaban los riesgos y conocerla fue como volver su vida del revés: aventuras en la sierra, esquiando, haciendo escalada y conduciendo sin miedo a la vida. Vivir a tope. Esa era su idea: No parar. Y en el sexo igual: no parar. Le atraía como las moscas a la miel. Era su desafío…


Pero su descuido fue lo que propulsó todo lo que pasó después: unas fotos inoportunas complicaron todo lo demás. El marido las descubrió en los mensajes del móvil y de esta manera se detonó todo hasta llegar hasta esta noche descontrolada y disparatada.


Todo rápido y veloz. Como le gustaba a ella. Entró disparó y la mató. Sin más.


En sus oídos aún retumbaban los sonidos de sus disparos. Todo oscuro y lejano. En su coche decidió ir a la policía y explicar lo que había sucedido. Pero cuando llegó no había manera de que le atendieran. ¡Qué sensación! ¡Un sin vivir!


Un agente le pudo atender al final y cuando iba a escribir sus datos en el papel, no podía coger el bolígrafo. No tocaba sus manos, eran invisibles ¡qué raro! ¿Qué le pasaba? No podía ser verdad. Oía la risa del marido en el recuerdo.



Se veía tumbado en el suelo de la casa con todo un charco de sangre cubriendo su cuerpo y su imagen invisible que se iba diluyendo poco a poco y luego ella, rubia y roja. Sin prisas y con cara sonrosada y pidiendo ayuda. Así se acabó todo: Oscuro y negro.