"La Carrera de la Vida"

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LA CARRERA DE LA VIDA"


   ¡Hola! -dije- "Ya estoy aquí, sentado sobre mi nueva moto roja y azul. Toda super nueva. Con mis casco, mis guantes y mi traje plateado preparado para salir de casa. Igualito que Alonso. ¡Jó! ¡Qué hombre! ¡Qué maravilla de piloto! Igual que yo; además de Asturias. Allí estaba yo, sobre la montaña. Se veía el Mar Cantábrico en calma. Todo sereno y azul; incluso desde arriba se olía a sal y pescado. ¡Qué bonito era!

   Ese día, había salido sólo, sin los colegas. Aprovechando la mañana soleadado de este otoño veraniego que se alarga en el tiempo.
Desde allí ojeaba todo.

   La idea era esa: "Respirar, Descansar, Pensar y Olvidar".

   ¿Olvidar? ¿El qué? No, no. Eso no se puede olvidar. No se puede olvidar que casi muero en una curva. ¡Sí! La famosa curva maldita. Esa, en la que me tropecé con ese gamo. Ese ciervo inmenso que corría por la montaña. Ese gamo al que atropellé y maté y casi me cuesta la vida. Ese gamo que me hizo perder la carrera y la cabeza. No, no. No se puede olvidar.

  La culpa fue de mi abuela. Si, ella. Con su manía de lavar todo; de mezclar, de no separar, de tener todo desordenado y guardar a su manera; por que si ordenara toda la ropa por colores o tamaños o calcetín con calcetín, jerseis con jerseis, estarían mejor las cosas y podrían encontrarlas.

  Pero no. Tuvo que desordenar y mezclar toda mi ropa con la suya. Y, asi fue, que me tiré casi/más de una hora buscando "mí" calcetín rojo. Ese con el que ganaba todas las carreras. Y, nada. No hubo manera. Así fue como al llevar puestos otros calcetines diferentes aparecí en el hospital todo magullado y lleno de heridas y moretones.

  ¡Qué follón! Toda la prensa molestando. Y fotos y preguntas y entrevistas. ¡Qué pesados! No se puede vivir así...

  Menos mal que ya estoy aquí. Sobre mi moto, oteando todo.

  Como un Cid sobre su Babieca.