CAMBIO DE PERSPECTIVA

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CAMBIO DE PERSPECTIVA

Siempre que podía, al salir del trabajo, comía fuera ya que se había dado cuenta, muy tarde que en su casa solía comer y cenar solo. Que su madre, estaba siempre enchufada a la televisión y que dormía con ella encendida. Le daba rabia y no sabía encontrar su camino, se sentía solo y no recibía cariño de ella. La gente pensaba que era raro. Que no tenía amigos y que en sus días de vacaciones se quedaba en Madrid, como mucho iba al cine y ya está. Se sentía solo y sin metas en la vida. Había trabajado en proyectos interesantes sobre cultura y ahora, por decisiones tomadas en el pasado o porque pensaba que había elegido otro camino, quizá perdió la esperanza y las ilusiones. Que se le habían pasado oportunidades y que tenía que valerse por sí mismo. Buscar algún ancla que le sostuviera para su futuro. Como no podía pagar el gimnasio, engordó bastante y eso, de llevarla al ambulatorio para que realizara rehabilitación le quitaba tiempo para estudiar o buscar un trabajo mejor.

Veía que se le pasaba el tiempo y ahora sí que sí había llegado al fondo del pozo. Era o quedarse allí para siempre o salir de la mejor manera posible. En su casa ya no hablaban, no comían ni cenaban juntos sólo veía una persona sentada sin moverse o jugando con la Tablet.

Estando una tarde sólo viendo un programa de televisión sobre dos entrenadores que eran profesores de fitness, y que además habían engordado y que participaban en un concurso de cómo perder peso de manera saludable, vio el esfuerzo que hacían.

 Lo siguió durante semanas, como hacían ejercicios aeróbicos y de cardio hasta llegar a su peso ideal y se convirtieron en  finalistas y se llevaban el premio; que era pasar una temporada como monitores del  gimnasio en la cadena de televisión en la que habían participado. Después de esto, se quedó mirando el televisor con los ojos en blanco y su cerebro le empezó a acelerarse sin parar. Se levantó, se puso a pasear de un lado para otro del salón, su mente no paraba de pensar.

 De momento, lo que podía hacer en primer lugar era salir a correr por las mañanas aunque fuera media hora, quitarse su palmera de chocolate de todos los viernes e intentar relacionarse con los compañeros de su trabajo. Poco a poco se fue sintiendo más ligero y hasta ya no le dolían las rodillas al subir las escaleras, los resultados de sus análisis eran cada vez mejor y se quitó también el vino de las comidas, que era de las pocas cosas que le animaban a seguir adelante. La vida era un poco más agradable con esos pequeños cambios en su vida. Salía a pasear y le gustaba la brisa que recorría su pelo y su piel. Le hacían sentir que flotaba. Se pudo volver a matricular en el gimnasio y a esforzarse más. Se acordaba de los chicos del programa de televisión y se apuntó a sus clases, donde veía también los esfuerzos realizados por él mismo. De cómo había perdido casi 23 kilos y se había quedado en 84. En recepción vio un anuncio donde se leía que se iba a preparar un concurso de halterofilia y que la chica que estaba allí le animaba para que se apuntara. Hacía pesas y casi siempre estaba en la sala de musculación. Le pareció una buena idea acudir a dicho concurso. Se preparaba día a día para poder ganar el concurso, una de las monitoras le observaba y de tanto acudir allí se pusieron a hablar y en breve comenzaron una relación bastante estable que le dio sustento y la suficiente autoestima para poder proponerla vivir juntos y salir de la casa en la que estaba con su madre.

Le valió mucho su ayuda para seguir adelante con la presentación a dicho concurso. Después de tantos días de trabajo intenso en el gimnasio y de tanto esfuerzo, quedó finalista. Eso le dio más fuerzas y más ganas de seguir adelante con lo que suponía mantenerse en forma. Volaba de felicidad, ya había ganado tres concursos y era conocido en su barrio. Estaba eufórico y radiante de felicidad. La chica con la que vivía también parecía contenta con su estado actual. Él consiguió adaptarse al mundo de este deporte tan elitista, pero sin darse cuenta, poco a poco se fue olvidando de ella. La dejaba sola muchas veces en casa y se iba con los amigos que había ido conociendo en el gimnasio y en los concursos. Ya no estaban solos. Siempre había algo entre medio que los iba separando poco a poco, sin que se diera cuenta. Marisa entró en un agujero del que no sabía salir. Ella que siempre estaba a la última en moda deportiva, que era la monitora de spinning y estaba siempre allí, de pronto, sin darse cuenta o sin saberlo, ella cayó en otro pozo del que tardaría mucho tiempo en salir.

Como casi no le veía empezó a dejar de cenar, a hacer más ejercicio que nunca. Mario creía que estaba así de delgada y de pálida por todo el ejercicio que hacía, pero de lo que él había huído se le volvió contra el mismo. Ya no tenía espacio para ellos, lo que le enamoró se fue disipando después de 6 años juntos, ya no hablaban, no cenaban juntos y se mandaban mensajes al móvil pero su ausencia física les fue alejando más y más, hasta que un día la encontró en el apartamento tirada en el suelo, desmayada y con un motón de pastillas alrededor de su cuerpo. La llevaron rápidamente al hospital donde la realizaron un lavado de estómago y se quedó diez días ingresada en el hospital donde el psicólogo intentaba entender los motivos a los que le habían llevado a cometer semejante acto, casi estuvo a punto de morir. Después de varias sesiones de terapia, explicó que se sentía sola, veía como su marido había dejado de hablarla en casa y que parecía que lo que más le importaba era presentarse a los concursos, se sentía desplazada y creía que ya no la quería y que habían perdido el tiempo para poder estar juntos. Él lloró al saber todo esto. Había intentado escapar de un agujero en el que se sentía mal, para crear otro en el que creía que estaba a salvo y se había olvidado de lo más importante: Que si de verdad quieres crear algo bonito en tu vida, tenías que contar con las personas con las que de verdad estás a gusto. A partir de ese momento, tomaron las cosas de otra manera. Ella se iba recuperando y pudieron irse unos días a la playa para desde ese momento comprometerse a estar juntos y también estar sanos sin necesidad de olvidarse el uno del otro.