OTRO ERROR MÁS

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OTRO ERROR MÁS

 

Hacía más de tres meses que no sabía nada de él, cuando recibió un mensaje en su móvil el día 25 de diciembre a las 16.30h. Para felicitarla las navidades.  Ella estaba sentada en el sofá con la manta, tomando un chocolate caliente, un libro sobre la vida de Miguel de Cervantes y la música de fondo. La chimenea caldeaba la sala y por la ventana se podía ver como nevaba.

Estaba todo blanco, no se movía nada ni nadie. Todos en las casas calentitos junto a la chimenea.

Se acordó de la primera vez que salieron a tomar unas cervezas; la llevó a una cervecería irlandesa y cuando ya habían pedido y se habían sentado, él se lanzó sobre ella para besarla de sopetón y casi la tira de la silla. Menudo susto que se llevó. ¡UF! ¡Qué tío! ¿Cómo se puede ser tan bruto? Pero que bien besa y como huele. Me gusta el olor de su cuerpo…

Así empezó una relación de unos seis meses tan intensa hasta que se rompió del todo. Una noche de verano recibió mensajes de una chica que no sabía quién era y por lo que escribió se dio cuenta que era su mujer.  Quería que le dejara en paz, que ella era su mujer, que le adoraba y no sabría vivir sin él.  ¡Vaya noche toledana que pasó!

En fin, la vida es así de injusta. La utilizó para arreglar su matrimonio y su corazón se cerró para siempre.

Un día los vio cerca de la parada de autobús de la Plaza de Neptuno. Se acercó y dijo: “Hola, ¿Qué tal estás? ¿Se lo dices tú o se lo digo yo?”  Él miró con cara de susto y su mujer lloró.