UN AÑO
UN AÑO
¿Qué es un año? Un
año no es nada y, sin embargo, la engañé. Si la engañé con una compañera del
curro que me ponía la carne de gallina cada vez que la besaba. Yo la perseguía
por las plantas de la oficina, la rondaba, intentaba coincidir en la cafetería
con ella y cambiaba mi turno para verla salir.
Sí. Y la veía en la
puerta y me dio su teléfono y la escribía y la llamaba y la besaba en cada
esquina antes de llegar al trabajo. No sabía qué me estaba pasando por la piel,
la olía, la veía, la soñaba y empecé a quererla.
A lo sumo lo único que conseguí fue que se volviera loca, que se quedara
sin curro y que no la volviera a ver. Incluso empecé a despreciarla, a tratarla
mal porque ella, sin saberlo, creó en mi la idea de que la había utilizado para
que el recuerdo de mi mujer volviera aún más nítido a mi cerebro y que
prefiriera dejarla por WhatsApp para no volver a dar la cara y la dejara
abandonada a su suerte y mientras, yo, la dejé de llamar después de mucho
tiempo.
Pero era ella ahora
la que insistía. La que iba a verme y buscarme y yo, cada vez la trataba peor. Si
que era un “gallina”, no por lo que me producía en la piel; sino por haberla
utilizado creyendo que así se me pasaría el enfado que me daba mi mujer porque
no quería ponerse a trabajar.
Sí. La dejé por
WhatsApp escribiendo que mi mujer me adoraba y que yo la quería, ¿Qué clase de
ser es tan ruin y tan gallina? Solo yo. El que provocó que las dos me dejaran
cual perro abandonado y a mí me diera por beber y beber y aparecer muerto en el
río sin un duro y simplemente un pequeño mensaje en el WhatsApp, diciendo: “Perdóname,
gracias por todo”.
