EN BLANCO Y NEGRO
El magnate George Turner y su amante y actriz de cine, Cecilia Von Carter, fueron a cenar al famoso “Cutton Club” que estaba de moda esa noche por las actuaciones de chicas exóticas y música jazz.
A la mañana siguiente, cuando subieron el servicio de habitaciones, se los encontraron uno en la bañera, apuñalado por la espalda y la mujer en la cama, toda revuelta, con el cuello ensangrentado. Cecilia estaba desorientada, no se acordaba de lo que había pasado la noche anterior. La policía no hacía más que dar vueltas y vueltas por toda la habitación y se mareaba de ver a tanta gente por allí.
Le hacían preguntas y más preguntas, pero no se resolvía nada.
Necesitaba respirar, salir de allí. Era todo caótico: la policía, los periodistas, los del hotel… todo el mundo detrás de ella ¡Vaya pesadilla¡
Era inimaginable ¿Qué había podido suceder? ¿Por qué estaba toda la habitación revuelta?
Y, ¿cómo llegó George a la bañera y amaneció apuñalado?
Eran demasiadas preguntas que ahora no sabía responder. Necesitaba alejarse de todo y el único sitio donde pudo ir era a la antigua cabaña de la montaña. Su manager la había recogido en la habitación del hotel y mandó el chófer que se la llevara lo más lejos posible de allí: no podía permitir que la imagen de su querida actriz acabara en los periódicos de toda la ciudad. Tenían que guardar su intimidad lo antes posible; aunque en una ciudad como Chicago eso era imposible de conseguir.
Unos cuantos años antes, cuando la descubrió en un pequeño pueblo de Carolina del Sur, trabajaba en una fábrica textil de la zona, rodeada de telas e hilos por todos lados. Era pequeña, rubia y enseguida se ponía colorada por el sol. No era el tipo de mujer que gustaba en el pequeño mundo del cine, pero tenía un brillo natural en sus ojos que hacía que la cámara y los espectadores se enamorasen de ella, con esa vocecita tan dulce que parecía una mariposita que había que resguardar de cualquier intruso. Sólo por ella valía la pena vivir.
Era su musa, su objeto, la que de verdad hacía que todo tuviera sentido. Su obsesión. Había que protegerla a toda costa, envolverla en celofán y prepararla sólo para que actuara, cantara y bailara… siempre para él.
Sin embargo, no se pudo imaginar todo lo que supuso su llegada al mundo del cine. Los éxitos, los premios, las galas, los viajes… todo fue imprevisible.
Los regalos, las joyas, las casas… Era ella la dueña de todo; casi era propietaria de la compañía cinematográfica. No podía controlar sus caprichos, sus deseos y sus bombones rellenos de licor. Infantil.
¿Cómo se puede controlar a un ser sacado de una fábrica de alfombras al que se le había dado todo? No lo podía imaginar.
En una de esas galas, se sentó en la misma mesa que George Turner. Ese engreído ricachón que se llevaba a cualquier mujer. Cuando le presentaron a Cecilia, no lo dudó ni un momento: sería para él.
Perfecta para coleccionarla y presumir ante todos los que le envidiaban. Estuvieron toda la noche charlando y bebiendo, hasta que les echaron. Subieron en un taxi negro y se dirigieron al hotel, donde horas más tarde los encontraron así. De aquella manera.
La policía habló con todos los huéspedes del hotel y no encontraban nada sospechoso, solo el ir y venir de un camarero que llevaba bebidas a la habitación. Ya desesperados, uno de los detectives habló con un matrimonio que venía de pasar la noche en el casino donde los vieron por última vez. Le contaron que lo único raro es que se tropezaron al salir del hotel con un señor vestido con una gabardina marrón y un sombrero del mismo color, de estatura media, que les saludó. El policía creyó ver una buena pista; ya que todas las sospechas recaían sobre el manager de la actriz.
Tuvieron que realizar pruebas a todos los trabajadores del hotel y los huéspedes. En la habitación encontraron las huellas de cuatro personas: las de George, las de Cecilia, las del manager y unas huellas desconocidas.
Se investigó la vida de estos dos últimos y descubrieron que una de las camareras había pasado una tórrida noche con el millonario y había dicho que pronto se casaría con ella. Tras un severo interrogatorio confesó al final que le había puesto barbitúricos aprovechando que tenía la llave maestra. Disfrazada de hombre, subió a la habitación y se vengó de él.

2 comentarios
Write comentariosMe gusta este relato de cine negro y acción rápida. Bravo, Carolina. Sigue escribiendo y sorprendiendo. Cármen.
ReplyGracias Cármen por tu comentario y ánimo para seguir escribiendo
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