EL RÍO
"Me despierto y pienso en mí como si fuera un hombre. Y cuando planto mis pies en el suelo de madera comienzo a imaginarme muy alto, ancho de hombros, un pintor que no se peina y anda como un torpe por la cocina".
No entro casi por las puertas. Me doy con la cabeza en el techo y me tengo que agachar. Mi mano derecha toca mi cabeza y noto una herida. En los dedos de mi mano veo sangre y casi me mareo. Me tengo que sujetar a la pared. Soy muy alto y muy grande. Tengo que salir de aquí; de ésta casa.
Soy como Alicia que un día comió unas galletas y creció y creció hasta llegar al cielo. Yo igual.
Debí crecer mientras dormía y ahora mi casa se me queda pequeña. Tengo que salir de aquí; me asfixio, no puedo respirar.
Rompo el cristal de la ventana y salgo a la calle. Quiero correr, más no puedo. Mis piernas pesan más de lo normal. Con mi gran peso, hago agujeros en la carretera, ya que las aceras se me quedan pequeñas de lo grande que soy e intento seguir corriendo; aunque no puedo. Soy grande y peso mucho.
Aplasto coches y árboles. Todos los vecinos me gritan. Tengo que salir del pueblo; buscar refugio, un lugar para mí donde poder estar y relajarme. Me tiran piedras. ¡No ven que me hacen daño!
Voy todo lo rápido que puedo, casi llorando. Rompí mis zapatos, voy descalzo y tengo heridas en los pies.
Me tengo que sentar. Veo una gran piedra a un lado de la carretera y me siento. Quiero descansar, respirar y pensar.
Creo que es tarde. El cielo se va oscureciendo poco a poco.Tengo hambre. A lo lejos oigo el ruido de un río. Allí puedo ir a pescar y cenar algo. Menos mal que llevo unas cerillas en el bolsillo del pantalón.
Al lado del río puedo poner mis pies dentro del agua y curar mis heridas; además descansar y pescar.
¡Aquí hay buenos salmones!
Me instalé allí y poco a poco pude encontrar mi sitio. Las gentes del lugar empezaron a conocerme y a traerme mantas y quesos que preparaban para mí.
Así, sin darme cuenta, encontré mi paz.
